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| Hacer algo bueno también crea un compromiso. Foto: BAER vía Meta AI |
1. Las propias decisiones. El entrenamiento, en épocas pasadas, no empezaban hasta que se adquirían las responsabilidades propias de la edad, algo así como aventarnos a una alberca para aprender a nadar sin haber tenido una preparación previa, porque no había posibilidad de escoger lo que vestiríamos, lo que calzaríamos o lo que comeríamos, dado que eso lo decidían los adultos, ¿la razón?, porque un niño qué va a saber lo que quiere. Ahora quizá puedan hacerlo de una manera racional, pero la generación de la transición (la mía), pareciera haber permitido a su descendencia el elegir con toda libertad, eso que les gustaba, pero para no tener que responsabilizarse de los resultados, lógico si recordamos que no habíamos tenido que hacerlo bajo ninguna circunstancia.
2. Darnos un gusto. Estamos conscientes de que nada es permanente ni para siempre, así que sabemos que hay momentos en los que vamos a tener aquello que nos hace felices y otros en los que eso ni siquiera va a conmovernos, entonces, diseñamos nuestras vidas para tener un balance que nos mantenga tranquilos y con ganas de levantarnos todos los días a cumplir con nuestras tareas, a pesar de eso, habrá momentos en los que busquemos alternativas a nuestra rutina diaria, algo que reinicie nuestra atención en el entorno que vemos a diario. Puede tratarse de otra actividad, un cambio en el panorama, deambular por rutas alternas o la observación de objetos no incluidos en lo que hacemos a diario, con una carga afectiva o artística que nos permita aprender algo nuevo.
3. Ir a donde queramos. Supongo, por lo que he visto en mis más recientes traslados en las carreteras del estado, que aún está garantizada constitucionalmente la libertad de tránsito, por otro lado, está el pequeño detalle de que en la realidad, esa libertad está restringida por la acción de la delincuencia organizada en las distintas vías de transporte, eso sin contar con los intentos diarios de extorsión vía telefónica. Otro de mis supuestos se basa en que en todo este tiempo terrestre, no he tenido percances que lamentar, por fortuna, así que los accidentes carreteros o los siniestros domiciliarios, siguen sorprendiéndome como lo que son, un acto extraordinario. Más que la suerte, me mueve el compromiso de que los traslados lleguen a su destino en las mejores condiciones.
4. Responder por lo hecho. La libertad no es un permiso para hacer lo que se nos dé la gana con garantía de inmunidad, pero sí tiene un componente de hacer con gusto lo que se debe; responsabilizarnos, no es otra cosa que tomar el crédito de una obra o acción a favor o en contra de una causa, no necesariamente implica un sacrificio, aunque se puede ver como el pago de derechos de eso que se presume, visto como un acto de libertad, la responsabilidad no es tal hasta que el señalado (o auto señalado) acepta que la tiene, es decir, responsabilizarnos es un acto voluntario en el que estamos conscientes de asumir las consecuencias, lo que nos lleva a pagar un precio desde las cosas más simples hasta las más complejas sin asomo de pesar o arrepentimiento por cualquiera que haya sido su decisión. Salud.
Beto.

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