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| El artista sabrá dejar un buen sabor de boca. Foto: BAER |
1. No cualquiera. Allá por los sesenta y principios de los setenta cuando me compré la idea de que actrices y cantantes eran artistas nada más por el hecho de pisar un escenario, no imaginé que a quienes se les denominaba de esa manera, tuvieran importancia más allá de lo que les confería intrínsecamente. Conforme avanzó el tiempo, las definiciones fueron poniendo en a cada uno en su lugar, que consistía en una cercanía o lejanía relativas respecto del arte, por lo que no cualquier Tovar, Gabriel o Fernández por muy populares que fueran, tendrían el equilibrio necesario entre fondo y forma para llamarlos artistas, eran sólo cantantes; ni siquiera su aparición en los medios lograba colocarlos en esa plataforma, bueno, tampoco su muerte pudo obrar ese milagro.
2. Fondo y forma. El equilibrio en todo lo que hacemos y emprendemos es primordial para obtener óptimos resultados, mucho más en el arte, donde el mensaje trascenderá (o no) condicionado por si hay belleza tanto en lo que se quiere decir como en lo que se dice. En una canción, esto se traduce a que si la música es agradable pero la letra deja mucho qué desear, no podemos decir que se trate de una pieza artística o porque tampoco nos haga evocar imágenes que no necesariamente menciona; al contrario, si la letra es buena pero la música es un desastre, el resultado es el mismo. El artista es el que logra que tanto la música como la letra sean bellas, agradables al oído y a la mente y lo mismo pasa con todas las expresiones que el ser humano ha creado para elevar el espíritu.
3. Sin rebuscamientos. Dicen los que saben que la mejor manera de manifestar la sensibilidad es encontrar la más sencilla en cuanto al lenguaje utilizado; los rebuscamientos suelen complicar el entendimiento del espectador común y lo importante del arte es que impacte a la mayor parte de las personas por igual, sin importar su condición social o económica, dejándoles en qué reflexionar. Solemos pensar que el artista es sumamente egoísta, que produce su obra sólo importándole expresar lo que siente y que le entiendan los que puedan, sin embargo, es todo lo contrario, el verdadero artista procura provocar a todo el mundo haciendo evidentes los detalles de la realidad que los simples mortales pasamos inadvertidos por considerarlos cotidianos y sin valor alguno.
4. Darle sabor al caldo. Salvador Flores Rivera, el gran cronista urbano que con sus letras y música hizo uno de los mejores retratos de la ciudad de México, también tuvo el tino de describir la tarea del compositor, que yo extendería a todos los artistas; inició su disertación con una simple pregunta: ¿para que sirve un compositor?, la comparación que sugirió tuvo que ver con el arte culinario, el compositor era como la sal o la pimienta que vienen a completar el sabor natural de un caldo que es la vida, caldo en el que caben todos los ingredientes combinados que suelen especializarse para crear otros y sus combinaciones darán como resultado que tengamos más ganas de seguir probando, ahí entran la sal y la pimienta que sirven lo mismo que un compositor (artista) con sus creaciones, para dar sabor al caldo. Salud.
Beto.

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