viernes, 28 de agosto de 2026

Apocalíptico-apartidista

Es innecesario creer todo lo
que escuchamos. Foto: BAER vía Meta AI

Irapuato, Gto.-

1. Cuestión de conceptos. En una ocasión, mucho antes de la pandemia y del desastre que tenemos como país, en una de esas reuniones que de vez en cuando teníamos con otros doctores amigos de mis papás, se suscitó una pequeña discusión sobre lo que se venía respecto de los problemas nacionales, por fortuna, yo ya tenía más o menos claro mi esquema de pensamiento por si acaso me tocara hablar (que tampoco era que estuviera esperándolo) pero a uno de ellos, quizá porque notó mi interés, se le ocurrió que era buena idea preguntarme mi opinión; ni tardo ni perezoso, expuse lo que yo suponía que era prudente, puesto que estaba frente a empresarios (que es lo que son los médicos) y declaré que dadas las condiciones prevalecientes, era mejor quedar al margen, por lo que uno me cuestionó: ¡no me vengas con que eres apolítico!

2. La aclaración. Aquí fue donde se dio lo realmente interesante, porque por mucho que alegáramos, no saldrían de ahí las soluciones para el país, la aclaración de conceptos; lo único que no me gustó fue el tono de sorna e increpación del cuestionamiento, pero fuera de eso, tuve la oportunidad de corregir la concepción flotante de la palabra apartidista, puesto que yo no he militado en ninguna institución de ese tipo y no quiero hacerlo, por otro lado, no acepté ser apolítico porque de alguna manera y en toda ocasión, debo tomar una postura y, si se da la opción, tratar de convencer a alguien de ella, que de eso se trata la política. Entonces no iba a rebajar mi perfil político a una simple militancia partidista que busca el adoctrinamiento.

3. La tendencia. No me resulta atractivo pertenecer a un partido político por la misma razón de que no me atrae la militancia religiosa, el adoctrinamiento; ahora bien, el comportamiento social como el apoyar a un equipo deportivo, ser seguidor de un grupo musical o un cantante, militar en las filas de alguna agrupación de beneficencia o política, responde más que nada a tendencias, algunas nuevas y otras latentes, como la moda en el vestir o el mostrar euforia por un seleccionado nacional. Somos libres de seguir una en específico, sin embargo, la influencia o la presión sociales son determinantes para que la aceptemos con todo lo que implique; por lo tanto, el considerar que consumir un producto en particular, un grupo musical o votar por alguien son buenos, tiene responsabilidad compartida.

4. Negativa rotunda. Mi enfoque de izquierda de la realidad que estamos viviendo, sugiere el seguimiento de una posible transición de un capitalismo dependiente a un pre socialismo donde proporcionalmente, todos tuviéramos acceso a los satisfactores básicos sin restricciones ni incertidumbres, sin que esto signifique necesariamente una abundancia absurda, pero sí la capacidad de mejorar según méritos escolares y laborales; en otras palabras, dejar de tener una clase menesterosa fácilmente manipulable que nada más aspire a sobrevivir día con día. Sé que lo anterior es un sueño guajiro, pero tiene sus bases en lo solidario que podemos ser a veces y lo poco codiciosos que somos por naturaleza, pero preferimos creernos el discurso de odio de ciertos resentidos sociales. Salud.

Beto.

viernes, 21 de agosto de 2026

La mente divergente

Para un divergente, la velocidad de los demás
puede ser muy lenta. Foto: BAER vía Meta AI

Irapuato, Gto.-

1. Una atención especial. Si acaso un proceso lineal nos parece poco atractivo y nuestra imaginación prefiere los caminos intrincados pero más atractivos a los sentidos, posiblemente nuestros pasos se dirigen hacia la divergencia, no en un sentido de ser autistas o con TDAH, pero sí con capacidades poco comunes que nos permitan ver opciones de solución fuera de la convención; un potencial triunfo está en la observancia de los detalles, puesto que si en circunstancias normales no todos somos susceptibles de impresionarnos por las mismas cosas, alguien con una condición especial irá más allá de lo evidente con creces. Es posible que si una narrativa nos lleve a los «normales» por medio de argumentos, un divergente la entienda mediante colores, formas o sonidos.

2. Activarse por el pendiente. Cuando las tareas se acumulan, viene la angustia casi paralizante para los normales o como se dice ahora, neurotípicos pues están conscientes del tiempo para realizarlas o las fechas de entrega, para un neurodivergente podría ser el combustible que necesita para poder funcionar y no es que no perciban el paso del tiempo (condición mental que evita el caos) sino que sus ritmos se rigen por eventos raros cuya lógica responde a otro tipo de necesidades, como el requerir un detonador para moverse y para algunos es sólo presión. Haciendo una comparación, pero guardando las proporciones, sería algo así como cuando un individuo se hace cortes en los brazos para sentirse vivo, entonces la presión actuará como ese pinchazo para poder moverse.

3. Temor a finalizar. Cerrar los ciclos requiere de una prestancia especial que un divergente (o mexicano común) no entiende del todo, en la sabiduría popular se grafica perfectamente con la supuestas palabras dichas a un cliente que quería comprar toda la mercancía a un vendedor ambulante de claros rasgos prehispánicos cultivados por siglos: «si me lo compra todo, entonces ¿yo qué vendo?». Los cerebros especiales (o mexicanos comunes) actúan como en la tira del gato Garfield, «el verdadero placer está en conseguir, no en el tener», lo que nos hace acumular trabajo sin tener claro cuándo vamos a tener tiempo de hacerlo y para corroborar mis palabras están los carpinteros y los impresores por citar dos, sin embargo, varios oficios adolecen de lo mismo.

4. Inteligencia intuitiva. Si en alguna ocasión han resuelto un problema sin saber cómo le hicieron, seguramente la explicación a esa incógnita es que tenemos momentos de inspiración intuitiva, lo que significa en buen romance, que quizá se activen las neuronas que han guardado cierta información que no había tenido utilidad hasta ese momento. Hay, por así decirlo, tareas para las que fuimos hechos, que no nos tomó mucho tiempo aprenderlas o las hacemos por instinto, a las que además, las resolvemos de maneras poco ortodoxas pero eficientes, con lo que afirmamos nuestra posición de libre pensantes. Los divergentes a veces no piensan distinto sino a otro ritmo, por lo que si siguen a los demás, puede que eso les produzca cierto aburrimiento. Salud.

Beto.

viernes, 14 de agosto de 2026

La farsa del «movimiento ateo»

No existe ni ha existido ninguna
propaganda atea. Foto: BAER vía Meta AI

Irapuato, Gto.-

1. No creen y lo niegan. Debo empezar por aclarar que ésta no es una crítica a los ateos en sí (no conozco a muchos) sino a la imagen que de ellos se ha creado desde la óptica de las organizaciones religiosas, algunas de ellas bastante entusiastas hasta ahora; para iniciar, pareciera no entenderse cómo es que alguien puede no creer en Dios, como si esa creencia no fuera aprendida sino inherente a todo ser humano y la prueba de que es algo socializado es que hay muchas versiones de él y no sólo eso, hay muchísimas deidades que funcionan a lo largo y ancho del mundo. Por otro lado, se dice que los ateos niegan la existencia de los dioses, pero para que eso fuera cierto, primero debería haber pruebas de ello, dado que no puede negarse la inexistencia de algo.

2. No te desea lo peor. Primero porque al desaparecer el motivo, desaparecen también los argumentos condenatorios y, por ende, el castigo, así que el ateo no tiene armas ni pretextos para desearle lo peor a sus semejantes; pensémoslo de una manera más sencilla, ¿a dónde nos mandaría un ateo si no cree en vida o muerte eternas, ni en cielos o infiernos? Sin exagerar, tampoco vemos en las calles a grupos de ateos distribuyendo propaganda para que dejemos de creer o visitándonos en nuestras casas un domingo cualquiera invitándonos a realizar lecturas que nos inviten a formar parte de una asociación dedicada a la difusión del ateísmo. Sin tener datos concisos, supongo que ni siquiera existe algo así como un sistema de ateos o siquiera, un club social.

3. No hay propaganda. Entendamos que para que atacáramos a los ateos desde un punto de vista institucional, como lo son las iglesias, tendríamos que ubicar en algún lado un grupo dedicado a la difusión de sus ideas, con un órgano estructurado para ello afirmando que ser ateo es mejor que ser religioso. No existe un catecismo ateo o un Atalaya ateo, sería contradictorio, cuando los esfuerzos individuales como los de Mauricio José Schwars con su «El rey va desnudo», Roxana Kreimer con «Filosofía para la vida», Alfonso Villalpando con «La fosa Escéptica», Sabrina Tórtora con «Preguntas incómodas» o Gio Uribe con «Espacio histórico» (todos canales de You Tube) por mencionar sólo algunos, representan esfuerzos individuales para aclarar o desmitificar ciertos eventos.

4. Simplemente no existe. Quizá sólo Alfonso Villalpando (ex seminarista) se dedica exclusivamente a los temas religiosos, los demás hablan de temas distintos, principalmente si tienen rasgos dogmáticos; claro que la biblia es un tema recurrente como en el caso de Mon Valenzuela, cuyo pseudónimo es «Madre Cuervo» y tiene una serie en su canal llamada «Holy Sheet», un espacio, según sus palabras, para leer la biblia como Dios no manda. A pesar de todos los canales y publicaciones compartidas, no existe una asociación de ateos conspirando para que todos pierdan la fe, imagino que, como a la mayoría les costó un gran esfuerzo liberarse de rituales y creencias, lo que esperan es que cada uno se dé cuenta por sí solo, si es que en realidad desean deshacerse de atavismos religiosos. Salud.

Beto.

viernes, 7 de agosto de 2026

Se aburren los tarugos

Los juguetes pueden surgir
de cualquier lado. Foto: BAER vía Meta AI

Irapuato, Gto.-

1. Sin vejigas para nadar. La diversión depende de uno tanto como el ser feliz, si creamos vínculos que nos aten a una sola forma de entretenimiento, la vida nos pasará irremediablemente sin sentido alguno. Si suponemos que la curiosidad se enciende a causa de los eventos externos, estamos perdiendo de vista que somos nosotros quienes producimos los componentes químicos para que se detonen las ganas de querer aprender, es decir, las cosas nos llaman la atención porque queremos saber cómo están hechas, no porque ellas influyan en nosotros. Somos la parte activa capaz de documentar nuestra experiencia para no tener que repetirlas desde la ignorancia absoluta, sino desde plataformas que otros construyeron y las cuales somos aptos para entender.

2. Una adicción. Divertirnos parte de la curiosidad por la diversificación de nuestro entorno; puede ser que nos guste ver la rutina de un comediante, ahora que es más sencillo dadas las grabaciones en la red, pero no nos conformamos con ver la misma cada día, generalmente pediremos variedad en su material o quizá, procuremos que las condiciones en las que lo vamos a ver sean distintas, por ejemplo, que en una segunda oportunidad nos acompañe otra persona para comentar o simplemente compartir la carcajada. Nos gusta la sensación de bienestar resultante de una buena ración de comedia, de una jornada entretenida de investigación o de un encontronazo con la elaboración de frijoles charros, porque pudimos invertir nuestro ser.

3. Responsabilidad propia. Medio la mencionaba líneas arriba, las cosas o las personas no son divertidas per se, requieren de la complicidad de un espectador cuya cultura le permita ver la gracia potencial en su apariencia, en su contexto y en lo que puede inferirse de ellos; parafraseando lo que se dice de la belleza «la diversión está en el ánimo de quien la percibe». Por supuesto que hay personas que nos arrancan una carcajada casi de la nada, pero ¿se han fijado que, conforme vamos conociéndolos, les exigimos más cada vez? Eso es porque en un primer encuentro, el mayor porcentaje de efectividad de una broma o un chiste, está en el factor sorpresa y éste, por lógica, disminuirá en cada exhibición porque ya tenemos un juicio previo del exponente.

4. Hay más juguetes. Resulta cómodo, si se tienen los recursos, pagar por instrumentos que faciliten nuestra diversión, pero es mucho más significativo el encontrar una actividad por nuestra cuenta, que nos distraiga de las rutinas que saturan nuestro cerebro y si ella va acompañada por la creación de los propios instrumentos, el momento de felicidad está garantizado. Si mantenemos la curiosidad por lo que nos rodea, la imaginación nos guiará efectivamente para identificar los objetos que lograrán enfocarnos en una tarea específica, que es sinónimo de entretenimiento. Entonces, podemos transformar unos trozos de madera en un diorama, reciclar partes de una máquina en otro tipo de utilidades o dar valor a aquello que los demás suelen desdeñar. Salud.

Beto.

viernes, 31 de julio de 2026

Adoctrinado ¿para qué?

Gritar consignas es fácil, sostenerlas
es lo bueno. Foto: BAER vía Meta AI

Irapuato, Gto.-

1. Tomar referencias. No voy a decirte que toda doctrina es nefasta, sólo te preguntaría ¿ésa, la que sigues, te ayuda a trabajar para desarrollarte como humano y serle útil a los demás? Posiblemente sólo te dé pistas para sobrevivir en comunión con situaciones y seres de ficción, ya que aunque se les tome como ejemplos de vida, resulta prácticamente imposible seguir sus pasos, pues la realidad no contempla, dentro de su ambiente de desconfianza, la posibilidad de convertirnos en santos. Y de esos santos varones y santas damas, a la mayoría se les conoce por lo que cada iglesia quiere que se sepa, reforzando con ello, la idea de que no todo el mundo es digno de la gracia, algo que nos deja a merced de la escasa información y las historias que nos contamos con ellas.

2. Obediencia necesaria. Hacia el interior de una doctrina sólo hay un camino a seguir: obedecer; si le señalamos un sendero teórico a un ser humano para regular su comportamiento y su forma de pensar, estaremos realizando lo mismo que haría César Millán con sus perros. En una práctica conductista que haría palidecer al mismísimo John B. Watson, el hilo conductor con el cual se intenta mantener el comportamiento social de manera apacible es el miedo que se tiene a los desconocido, al igual que la promesa de algo mejor en abstracto. Perder ese paraíso, significa la condena eterna, aunque no se sabe qué es cada una de esas cosas, por lo que temer adquiere otro significado por aquello de la dualidad conceptual en la que el pago no es otra cosa que la incertidumbre.

3. Repetidor de consignas. Los grupos en el poder, invariablemente echarán mano de gente poco crítica, vulnerable y en situación de extrema necesidad, esto con el fin de que su razonamiento esté enfocado en resolver su urgencia y así poder ofrecerles cualquier cosa, incluso algo eventual que pueda negociarse cada cierto tiempo, que el cumplir lo prometido puede postergarse así, indefinidamente. ¿Con qué armas se equipan a estas huestes? Principalmente con consignas para tomar las calles por asalto y veladamente, producir algo de fastidio para que los demás pidamos que les den lo que exigen para que dejen de fastidiar. Éstas funcionan como los rezos en los velorios, como una especie de catarsis que nubla el entendimiento y los hace aguantar cualquier cosa.

4. Valerse por sí mismo. Es curios cómo se mencionan a los ateos como si se tratara de una agrupación a los que hay que atacar por ser éstos enemigos de la fe; no puedo decir que conozco a muchos, sólo a unos cuantos que se han animado a externar sus ideas a manera de crítica que hacen acerca de las prácticas religiosas en general y pensamientos específicos en particular, pero de ahí a que sean un partido, una asociación civil o algo parecido, distan mucho de serlo. No existe una asociación u organización de ateos que esté creando estrategias para atacar a las religiones imperantes, las críticas parten de iniciativas personales porque a cada uno de esos observadores les asiste algo de lo que carecen la mayoría de los rituales: la razón. Y que conste que no digo que es la verdad puesto que, en un pensamiento crítico, eso no existe. Salud.

Beto.

viernes, 24 de julio de 2026

Compartir en el recreo

Vemos la realidad según los anteojos
que tengamos. Foto: BAER vía Meta AI

Irapuato, Gto.-

1. Como relojito. De pronto, cuando creías que eras el dueño de tu tiempo, te das cuenta de que estás condicionado hasta en tus descansos; hubo, hay y habrá reglas para todo, unas más represoras que otras o al revés, unas más liberales que otras, hechas para regular la convivencia cotidiana (dicen) aunque más pareciera que conforman una trampa para hacernos caer en ella; lo vemos así en los periodos libres desde la primaria, nos dimos cuenta de que descansar no es una decisión propia, está planteada desde las instituciones por algo que llamamos el estándar de rendimiento que sugiere pausas de veinte minutos a media hora cada dos o tres horas, algo así como condicionarnos desde chiquitos para una futura vida de oficina.

2. Es trabajo. En la vida laboral, los periodos de descanso sirven para todo menos para descansar, algunos los aprovechan para adelantar o recuperar el trabajo, algo que pareciera nunca logran pues muy seguido dan esa razón para evitar el convivir con los demás, otros invierten ese tiempo en comer, lo que podría provocar somnolencia pero para nada es descanso porque después hay que luchar por mantenerse despierto, los demás tratarán de ponerse al día con los chismes de último momento, lo que también es un gasto de energía. Hasta aquí estamos hablando de distractores, no de recuperadores de fuerzas, aunque es difícil pensar en trabajadores que sepan relajarse y ponerse alertas a placer, ya que las condiciones en los empleos, como en la vida cotidiana, son sumamente estresantes.

3. Las paradas técnicas. Los viajes instruyen, principalmente cuando de emprender uno largo se trata, ya que conforme aumentan los kilómetros, también lo hace la variedad de colores, sabores, aromas y paisajes; esto es una obviedad lo sé, sin embargo, me atrevo a mencionarlo porque, más allá de la sorpresa provocada por la primera impresión, ¿qué es lo que buscamos que se quede en nuestra memoria cuando salimos de nuestro lugar de origen? Habrá quien busque artículos en específico como zapatos en León o cajeta en Celaya, pero ¿a qué iríamos a Uriangato o a Dr. Mora? Y no podemos decir que no tengan algo que ofrecer, lo que nos hace pensar que la instrucción no está sólo en el traslado, sino también en la averiguación previa.

4. Tener los mismos tiempos. Una cosa es ser el organizador de un evento recreativo y otra muy distinta, el ser invitado al mismo; si apelamos a la relatividad, la observancia del tiempo es distinta y pasa tan lento o tan rápido según sea la responsabilidad y la urgencia que se tenga al momento de enfrentar una situación. Hallar un punto en común debe ser el resultado de una identificación mutua, es decir, que el organizador (si no es contratado) se observe como parte del festejo y el invitado, como un colaborador aunque sea eventual. Una ley no escrita nos indica que lo ideal es que todos los participantes de una reunión se sientan con la libertad de disfrutarla en la misma proporción, pues la responsabilidad de su éxito es la misma. Salud.

Beto.

viernes, 17 de julio de 2026

Vivir cerca de una escuela

No hay nada más molesto que las tertulias
a la hora de la salida. Foto: BAER vía Meta AI

Irapuato, Gto.-

1. La comodidad. Mi primer contacto con la primaria no podía ser más prometedor, entrar a clases era de lo más cómodo puesto que nada más tenía que cruzar la calle Municipio Libre en la colonia Portales para entrar por la puerta de la escuela Carlos A. Carrillo; la calle de Antillas, transversal a la ya mencionada Municipio Libre, era paralela a la calzada de Tlalpan, lo que significaba el tener el ruido de los automóviles todo el día, por lo que no me representaba ninguna novedad que hubiera tantas unidades estacionadas en la cuadra y como nunca, en casi dos años y medio que vivimos allí, fui consciente del uso de la cochera comunal del edificio, pues mi atención estaba dedicada a pasar sin que fueran a atropellarme.

2. La molestia. La perspectiva cambia en cuanto un carro propio está involucrado en la obstaculización de su entrada a la cochera; me he preguntado en diferentes ocasiones por qué algunos mexicanos sienten que las reglas se les aplican unas veces sí y otras no, cómo es que suponen que cada quien es libre de interpretar la ley según sus necesidades, que donde dice «prohibido» se toma como «a veces», que la libertad es propiedad personal o que «sólo yo tengo el libre paso en la calle», como sucede con algunos padres de familia de la escuela Constituyentes de 1857. De nada sirven las señales de no estacionarse en banquetas y cocheras cuando hacen su aparición los necios que se creen con derecho a todo, posiblemente se suponen pitonisos que adivinan cuándo y a qué hora se usan o debe encantarles que tengamos que verles la cara.

3. Agradezco que no haya vespertina. Imagino que alguien pensante se dio cuenta del problema en el que nos meterían las autoridades educativas si se inventaran la «necesidad» de crear un turno vespertino en las primarias de la colonia, siguiendo el precepto de que «una vez es gracia...»; quiero pensarlo así porque las otras variables no son muy agradables que digamos, menos cuando imagino el estar escuchando el griterío de niños en sus clases de educación física, en el recreo y en sus ensayos de los festivales por todo el día, eso sin contar con los embotellamientos a la hora de la salida. De cualquier manera, esa iniciativa no ha surgido, por lo que toda la algarabía se presenta sólo en las mañanas y no hay peligro de que, a pesar de la escases, se abra otro turno en la tarde.

4. El mismo chiquillo gritón. De las muchas «delicias» que los vecinos de la cuadra entre las calles de Mercurio y Venus podemos «disfrutar», es la siempre cantarina voz del chiquillo que se la pasa gritando con su tono tipludo que taladra nuestros tímpanos año tras año. A veces he pensado que a la administración le impusieron como condición el encontrar al gritón de cada ciclo escolar para que pareciera que nunca se hubiera ido. El panorama, para los que vivimos aquí, no parece que vaya a cambiar en el mediano o el largo plazos y, para lo que un día fue planeado para ser un jardín, seguirá la condena de ser una molestia, por mucho que sea considerada una de las mejores escuelas del municipio. Salud.

Beto.

viernes, 10 de julio de 2026

Paz laboral

Distamos de tener el ambiente que se vivía
en décadas atrás. Foto: BAER vía Meta AI

Irapuato, Gto.-

1. Puras promesas. Encontrar un lugar para tomar café, platicar, pasar el rato o trabajar mientras se es bien atendido, está difícil aunque haya varios en la ciudad; ya había hallado uno a tan sólo unas cuadras de mi casa, pero las necesidades personales de los dueños de la plaza donde «Marena» se encontraba, ya no nos permitieron ser partícipes continuos de sus delicias culinarias, al menos no en las siguientes tres semanas posteriores a su cierre, al rededor del 29 de marzo pasado. Todavía un mes después de su partida, esa plaza seguía sin el remplazo que, por lo que nos dijo un pajarito, habían asegurado los mencionados dueños abrirían, sin embargo, ya sea por la inseguridad o por tenernos antojados, no la abrían.

2. Llegó el 1° de mayo. Con esa fecha, la gran reapertura de Marena en una flamante plaza por el rumbo de la colonia La Deportiva, muy cerca de la gasolinera de avenida de la Reforma, la licenciada Rodríguez y yo no fuimos hasta el día dos. Nos encontramos con un espacio nuevo, más amplio, con la misma atención aunque está más diluida por la cantidad de comensales que se dieron cita al mismo tiempo que nosotros; eso nos dio gusto, aunque también un poco de nostalgia porque, de alguna manera, nos dimos cuenta de que ya no sería un espacio tan nuestro, pues sin estar tan lejos, sí representa un desplazamiento menos cómodo para nosotros, principalmente por el calor que hace en estos días.

3. De juramentos. Parecía que ya estábamos hartos, sin embargo, sucumbimos cada sexenio ante los ofrecimientos de seres a los cuales les conocemos las mañas y lo vano de su palabra, quizá porque en el fondo sabemos que así somos como sociedad; en innumerables ocasiones afirmamos que tenemos los gobiernos que merecemos, pero eso es una verdad a medias, porque no todos los habitantes de este país son unos tranzas. Esa versión deben haberla inventado los tramposos para no tener que cargar con su culpa y ser señalados por los demás; con eso estamos cumpliendo el adagio «mal de muchos...» pero pareciera que no nos damos cuenta de que no estamos obligados a soportar castigos ajenos, pues los tramposos nunca han entendido de compromisos.

4. ¿Para quién trabajar? Así como las dueñas de «Marena» encontraron un camino para seguir ofreciendo sus creaciones, quizá todos tengamos la oportunidad de establecernos en algún lugar apacible donde ser productivos en el rubro que sea; se llegó el tiempo en que emprender algo nada tiene que ver con hacer que el negocio crezca hasta convertirse en una transnacional, al parecer, debemos girar hacia lo artesanal porque las condiciones no permiten pensar en grande, ahora bien, no se trata de sumirnos en las sombras de la producción de bajas proporciones, sino de mantener una economía constante, que no apueste por la espectacularidad efímera, que está más que probado que el dinero ganado de esa manera, sólo atrae a las ratas. Salud.

Beto.

viernes, 3 de julio de 2026

La mística en todo

No necesitamos enseñanzas desde
otras realidades. Foto: BAER

Irapuato, Gto.-

1. Visión heredada. Los sesenta y su curiosidad por la irreverencia y lo prohibido, nos dejaron un montón de interrogantes más que certezas, se quedaron en un nivel de exploración y experimentación propuesto desde los cuarenta, pero sin un ánimo concreto de obtener conceptos terminados porque, al parecer, la ambigüedad disfrazada de relatividad era más rentable. Una idea venida desde la India, reforzada por los Beatles (que después se dieron cuenta del engaño) nos ha movido algunos conceptos que se han mezclado con el misticismo occidental para generar visiones que no terminan de encajar en nuestra cotidianidad ya que ambas lógicas parecen hablar de lo mismo, pero con argumentos distintos e igualmente muy poco comprobables.

2. Pelea contra la practicidad. Vivir debería enfrentar como único problema, el tener al alcance los medios para mantener una estancia en este mundo, lo más productiva y satisfactoria posible; nada de lo que hacemos para vivir bien tiene sentido cuando nuestra objetividad se ve obstaculizada para desarrollarse, el acumular «riquezas» sin sentido, tomando en cuenta que, aunque todos tenemos al dinero como la premisa central de esa acumulación, también ostentamos diversos conceptos de riqueza muy distintos unos de otros. El problema está en que vemos en el acumular una obligación que sustituye a la satisfacción de estar vivo por una idea de hedonismo eterno, lo que no resulta práctico para apreciar lo que nos rodea«.

3. Lo inmaterial no quita el hambre. Ayunar, si es voluntario y controlado está bien, alguna razón debe haber, sin embargo, la creencia en seres superiores así, sin más, en personas que difícilmente se llevan un bocado, no parece leal ni justo; una persona con hambre no puede pensar más que en aliviarla y ni con rezos ni sentirse pecador se le quitará la sensación de vacío. Podríamos, con la disciplina y el entrenamiento de un yogui, aguantarla por cuarenta días, pero eso no significa que no la sintamos ni que no se nos notarán todos esos kilos de menos. Dentro de este mundo material, la ausencia de materia termina imponiéndose a lo místico, porque si una idea ya no funciona, se cambia y listo, pero si no hay qué comer, nos morimos.

4. La buena voluntad. En realidad, se trata de un recurso natural pocas veces renovable, todo depende del golpe de desencanto que nos llevemos, algunos lo llaman «golpe de realidad» sin darse cuenta que expresiones así, no son muy aceptadas en una mentalidad adolescente como la que tienen, en su mayoría, las sociedades mexicanas. Quizá sea por ello que preferimos el pensamiento mágico a tomar las riendas de nuestras vidas y así, tener a quien culpar; pero hay destellos, tenemos nuestros momentos en los que, si nuestras necesidades primarias están cubiertas, podemos ayudar sin esperar retribución. Porque así como han querido desde las cúpulas imponernos la incertidumbre, también es cierto que a la mayoría nos han inculcado en casa la solidaridad. Salud.

Beto.

viernes, 26 de junio de 2026

Yo no voy a sus casas

¿Acaso me han visto predicar para que
se vuelvan ateos? Foto: BAER vía Meta AI

Irapuato, Gto.-

1. ¿Para qué necesitará tanto vocero? No estoy en contra de que todos encontremos la manera más decorosa posible de vivir, mucho menos del intento de mejorar nuestra situación, cualquiera que ésta sea; los oficios ofrecen perspectivas que posiblemente no habíamos considerado, las mismas que después de una vida profesional activa, hasta resultan entretenidas y el espectro que ofrecen es muy amplio, desde lo manual hasta la difusión de ideas. Es en esta última en la que podría explicarme la necesidad de compartir una afición, por ejemplo la música, como lo hace el buen doctor Moragrega (del cual recomiendo su canal del You Tube), sin embargo, nunca he entendido el afán de otros de convertirse en el vocero de una divinidad.

2. Con todo y armamento. Y vaya que los hay en cantidad y en variedad, pues a más de uno de nosotros les habrá tocado en suerte ser visitados por algún grupo entusiasta de los Testigos de Jehová o de una pareja de la iglesia de Jesucristo de los Santos de los últimos días (que éstos a veces nada más se pasean por las calles) invitándonos a leer la biblia y tratar de dejarnos sus publicaciones como La Atalaya o el libro de Mormón y bueno, es loable el empeño en que todos nos convirtamos a su religión, pero la verdad, sus argumentos no pasan del «porque así lo quiere Dios» y si es por eso, él mismo lo dice dentro del catolicismo, así que, ¿qué diferencia hace seguir un ritual u otro? No parece lógico.

3. Si está en todas partes. La ubicuidad parece tener desgaste o fecha de caducidad; una de las primeras contradicciones que descubrí en mi más tierna adolescencia, fue el que una deidad tuviera que necesitar muchas (muchísimas) casas para hacer llegar su mensaje y no casas comunes y corrientes, tenían que ser palacetes con considerable lujo, no vaya a ser que las visitas fueran a criticar, pero si se trata de espíritus (eso que nos fabricamos en comuna), incorpóreos e intangibles, ¿para qué exige esos recintos? O qué, ¿no que estaba en todas partes? Bien podríamos invocar su presencia cada quien en su propio domicilio dado que la costumbre es tener pequeños altares en un lugar específico, pero la humildad de ellos, no parece gustarle mucho.

4. La verdad como patrimonio. Hay un juego con dobles reglas en los mensajes divinos, por un lado, los reguladores de la conducta son razonablemente ciertos, no así los que están hechos para ejemplificar esas enseñanzas, es decir, son fábulas a las que dan un valor de verdad a sabiendas que no lo son, lo cual se comprueba por lo absurdo de sus argumentos o la anacronía con la que fueron escritos. Lo inverosímil del asunto es que hemos llegado al colmo de tachar de falsas a otras creencias (y viceversa) cuando sus argumentos son semejantes o literalmente iguales basados en los mandatos del mismo Dios, lo que pone a cada sistema de creencias, en una plataforma de soberbia incoherente. Salud.

Beto.

viernes, 19 de junio de 2026

Las discusiones teológicas

No importa la época, tenemos el mismo esquema
de pensamiento. Foto: BAER vía Meta AI

Irapuato, Gto.-

1. Sin concilios. Ni Nicea, Trento o el Vaticano imaginaron que sus convenciones iban a ser temas cotidianos entre personas que nada tienen que ver y ni siquiera presentan contacto directo alguno, que su medio de difusión estaría supeditado al capricho de un algoritmo que, sin razón aparente (salvo la costumbre de consumo) establecería qué debía ver cada audio escucha o video espectador, mucho menos que éstos irían de un lado a otro en un espectro de raciocinio entre el fanatismo y la liberalidad, porque sí, también los fanáticos tienen razones para tratar de imponer una verdad que suponen poseer, mientras que los librepensadores luchan por establecer que presumir la verdad, es caer en la más profunda oscuridad, lo que es imperioso erradicar.

2. Extremos que suponen tocarse. No lo sé de cierto para los científicos (porque hasta donde entiendo, la ciencia no se dedica a estudiar lo paranormal ni nada que se le parezca), pero para la parte religiosa se ha vuelto muy importante en los últimos tiempos, el «comprobar científicamente» que los milagros existen, para lo cual se han valido incluso de los medios de difusión masiva como la televisión, pero sin terminar con verdaderas conclusiones en esos asuntos; la mecánica argumental es muy sencilla, escogen fenómenos que supuestamente no han sido explicados (y que generalmente sucedieron en la antigüedad), realizan una serie de cuestionamientos que parecen científicos pero que no buscan pruebas y terminan dejando todo al criterio del público.

3. Lo humano es lo que conocemos. La sorpresa que los primeros pobladores racionales de este mundo debieron sentir al enfrentar los fenómenos naturales y su necesidad de explicación, seguramente fue descomunal y superior a sus fuerzas, lo que trajo un sobrecogimiento que buscó alivio en explicaciones de la misma naturaleza y envergadura de sus miedos. Pero no creo que este último sea el único o el más importante detonador de la creación de los dioses, sino precisamente la necesidad de entender qué es lo que sucede en el entorno y con nosotros mismos, pues no hay nada más edificante y tranquilizador que encontrar una razón lógica sobre aquello que nos compete, mucho más que la promesa de un futuro sin sufrimientos.

4. Aspiración a lo divino. Es cierto, tampoco conocemos todo lo relacionado a los etes humanos como para considerarnos plenos, quizá sea por eso que aspiramos a la aprobación de un ser divino y, a la larga, a ser uno con él; pero las trabas que nos ponemos no facilitan las cosas y quizá sean esas mismas las que provoquen que haya tanta maldad. Porque, pensemos por un momento, ¿qué sentido tiene portarnos bien si de todos modos no vale para entrar al reino de los cielos de forma directa? No, tenían que inventarse un purgatorio; por otro lado, ¿de verdad vale lo mismo la vida de narco traficantes, corruptos y asesinos que la de una persona honesta? Sinceramente un arrepentimiento en el lecho de muerte parece poca cosa. Salud.

Beto.

viernes, 12 de junio de 2026

Estados Unidos está en guerra

Ni para sorprendernos, es lo de siempre.
Foto: BAER vía Meta AI

Irapuato, Gto.-

1. Permanencia voluntaria gringa. Que un individuo crea en el destino suena anecdótico o hasta curioso, pero que un pueblo entero lo sostenga, es peligroso; los representantes de un mesianismo trasnochado, los encontramos en cada invasión y caída de los imperios, desde Babilonia hasta el tiempo actual. Casi cada rincón del planeta ha tenido sus episodios donde un sujeto o un grupo de «iluminados» suponen que tienen el deber sagrado de imponer su visión de la vida, con el único motivo (al parecer) de apropiarse de lo que otros tienen. Lo que en la antigüedad hicieron los romanos, los mongoles, los persas y los musulmanes, entre otros, quieren replicarlo los gringos, con diferentes argumentos, pero con los mismos resultados.

2. El metiche. Desde su establecimiento, Estados Unidos se ha caracterizado por su tendencia expansionista (si lo sabremos nosotros), a veces comprando, a veces por medio de las armas que parece ser su método preferido; en palabras de mi tía Rosa, les encanta meterse donde no les llaman. Para Fausto Pretelín, internacionalista, investigador y catedrático, en entrevista para grupo Imagen el 23 de marzo pasado, los güeros están en guerra, por lo cual me pregunté, ¿acaso no es ése su estado normal? Porque aunque todos los conflictos bélicos llevan el nombre del lugar que es atacado como Vietnam, Golfo Pérsico o Irak, en todos ellos siempre han metido la cola los Estados Unidos y ni quién les ponga el alto.

3. Tiran la piedra. Siempre han sido bravucones y se jactan de eso en cada oportunidad que tienen a nivel de lo cotidiano; al menos así había sido hasta la llegada del populista que los gobierna hoy; la diplomacia (mustia si lo desean) había prevalecido, respetando un formato igual de ventajoso que el actual, pero menos naco, si me permiten la expresión, pero al igual que sucedió en México, su presidente se ha dedicado a abaratar el ejercicio del poder con amenazas y provocaciones sin sentido ni para sus propios gobernados. Si ya antes eran vistos con desconfianza por medio mundo, con las acciones gubernamentales han logrado que esa aversión vaya en aumento.

4. La visión experta. Ya Fausto Petrelin, internacionalista, en una entrevista para Imagen el 23 de marzo del presente año, afirmaba que la guerra en la que están metidos los Estados Unidos es permanente debido a que es parte de los detonantes de su economía, puesto que con ella crea otro tipo de necesidades a nivel mundial que le permiten seguir poniendo condiciones para el intercambio de satisfactores, lo más reciente se dio con el ataque de Irán a dos barcos en el estrecho de Ormuz, evento en el que Estados Unidos esperaba que empezaran las negociaciones con Omán para poder meter las manos, estrategia que han seguido durante mucho tiempo con el pretexto de defender la democracia. Ajá. Salud.

Beto.

viernes, 5 de junio de 2026

Algo así como...

Con los emoticones ni nos metamos.
Foto: BAER vía Meta AI

Irapuato, Gto.-

1. El ambiguo panorama. Hay expresiones (la mayoría) que adoptamos porque refuerzan las poses que adoptamos para parecer sofisticados e interesantes, las más recientes son «literalmente» y «como»; lo noté porque antaño, también yo sucumbía a la costumbre irracional de repetir palabras nada más porque sonaban bien, sin cuestionarlas, hasta que hizo su aparición «al cuadrado», usada cuando suponíamos que nos afectaba al doble, por ejemplo, si afirmábamos que un personaje era una mala persona, nuestro interlocutor afirmaba «al cuadrado», pero si era una, quedaría igual porque uno al cuadrado es uno. El equivalente actual parece ser «por dos» aunque no se usa de la misma manera, sino para indicar que alguien se suma a la molestia.

2. Como que sí. De arranque, la palabra «como» es un comparativo de algo que se parece a otra cosa, pero que no lo es, si se le agrega a una afirmación, estaremos diciendo que lo señalado no llega a ser lo que pretende, es decir, se parecerá pero no reúne todos los elementos. Así cuando decimos para «Alfredo, Juan es como su hermano» damos a entender que, por mucho que se estimen entre sí y su trato sea muy cercano, realmente no tienen ese parentesco. En modo negativo funciona igual: «a pesar del insulto, no es como que lo vaya a citar a los tribunales»; pero la expresión también cayó en las garras de una moda que no se ha dado el tiempo de encontrar una razón válida para su uso.

3. Temer a la contundencia. Evitamos ser tajantes porque nos parece agresivo terminar una plática o una discusión sin dar oportunidad al otro de explicar su comportamiento aunque, por lo general, no quedamos satisfechos con las razones que obtenemos, quizá porque tampoco somos capaces de argumentar coherentemente ante cualquier discusión; tampoco somos dados a diferenciar a esta última de una pelea, a pesar de saber que los argumentos no son iguales a las sentencias. Entonces no tomamos riesgos, por mínimos que éstos sean y así todo es como un trabajo (pero no lo es), como rápido (pero entonces es lento) como muy difícil (pero es fácil) quitando, posiblemente sin darnos cuenta, toda validez a nuestras afirmaciones.

4. Hora de ser concretos. Llamar a las cosas por su nombre siempre ha sido la mejor manera de dejar claros nuestros pensamientos; más allá del perfeccionismo o el puritanismo en los lenguajes, creo que ya ha sido suficiente el retorcerlos para dar un doble o triple significado a todo lo que decimos (y siempre es de corte sexual), ya también, el entrecortar frases y oraciones por querer vernos actualizados-vintage o utilizar palabras con un significado totalmente distinto u opuesto al que suponemos que tienen. La falta de lectura, la tendencia a no averiguar y un acendrado «ahí se va» nos ha traído hasta aquí, con tantas faltas en la redacción que se han visto multiplicadas por el uso irracional de la mensajería electrónica. Salud.

Beto.

viernes, 29 de mayo de 2026

La tentación de vernos la cara

Los bromistas no suelen durar mucho.
Foto: BAER vía Meta AI

Irapuato, Gto.-

1. Como broma, pasa. Hay costumbres que sirven para entender cómo piensa una sociedad, lo cual nos permite adentrarnos en sus dinámicas y ser partícipes de buen modo, está el ejemplo del día de los inocentes en el que, aprovechándonos de un descuido, alguno puede quedarse sin una prenda o accesorio de nuestro agrado. Está también la llamada novatada, con la que suponemos que pagamos el derecho de pertenecer a una asociación; en cualquier caso, una tomadura de pelo nos sirve para saber si estamos dispuestos a seguir las costumbres del grupo al que aspiramos pertenecer. Una vez adentro, será cada vez menos complicado saber cuándo una afirmación es en serio o es broma y el peso de cada una para poner límites.

2. El desquite como arte. Ojalá nunca se acabe la bonita costumbre de tomar revancha pues de que se cultive, depende la sobrevivencia de aquellos a los que les gusta el chisme o amarrar navajas; en una «cultura del disimulo», la indirecta va a servir como el arma principal para provocar la desestabilización de quienes concebimos como contrincantes o, en el peor de los casos, como enemigos. Uno de los resultados de tomar partido o formar una logia, es ver al otro como obstáculo para el propio desarrollo, por lo que no queda más que acabar con él, peor aún si este pensamiento se da en un contexto de agresión virtual o fáctica, en el que «el honor» está de por medio, lo que se convierte en una carga permanente que trasciende generaciones.

3. Cuando se vuelve costumbre. Suponemos ser un pueblo gracioso y alegre (algunos de verdad lo creen) porque tenemos a la broma como moneda de cambio y al chiste como modus vivendi, lo que hace suponer a quienes no nos conocen, que todos aspiramos a ser comediantes. Luego está el intento diario de hacernos caer en algún tipo de engaño, algo que hemos institucionalizado y tratamos de justificas con afirmaciones como «así somos los mexicanos» o «así es el fútbol», sólo por citar algunas. En nuestra realidad, normalizada con pretextos, todos sabemos que en un muy importante porcentaje, nuestras afirmaciones carecen de sustento, pero nada decimos y nos quejamos como si esas situaciones no tuvieran remedio.

4. De parte del gobierno, no es gracioso. Nunca hemos visto con buenos ojos que un subordinado intente vernos la cara; y sí, aunque parezca raro o contradictorio, los grupos gubernamentales están subordinados a la voluntad popular, lo que significa que, desde la persona de la limpieza en los edificios oficiales hasta el presidente de la República, son nuestros empleados. Nos hemos tragado el cuento de que ellos son los que mandan, lo cual tiene remedio simplemente si pensamos de dónde sacan el dinero para funcionar y obtener sus sueldos, ¡claro! De lo que nosotros producimos y si mal no recuerdo, el que paga, manda. Debemos reaccionar ante tanta falta de respeto y dejar de permitir tanto abuso de unos simples codiciosos. Salud.

Beto.

viernes, 22 de mayo de 2026

México bronco

Los despertares de nuestra nación no son muy
pacíficos que digamos. Foto: BAER vía Meta AI

Irapuato, Gto.-

1. Una larga siesta. Pasamos de un gran letargo informativo comandado por Jacobo Zabludowski a la desinformación caótica por exceso de datos como forma de evasión mediante un sinnúmero de noticiarios; no puede ser de otra manera debido a la saturación de violencia en las noticias, cuyo efecto se manifiesta en la indolencia sobre la tragedia ajena. Pululan los damnificados por fenómenos naturales o sociales, muertos por atentados, asaltos o errores de acciones del o en contra del crimen organizado y todo está dirigido a probar la paciencia de una población que está al borde del hartazgo, lo que es un verdadero riesgo tomando en cuenta que las sociedades mexicanas son reactivas y poco proclives a la negociación de ninguna clase.

2. Pero con mal despertar. En los doscientos y pico de años de vida de esta nación, los lapsos de aguante has sido «elongados» haciéndonos creer que tenemos una mayor fortaleza, sin embargo, los «despertares» nunca han sido amables, prefiriendo partirnos la cara entre nosotros en lugar de negociar. Existieron momentos, registrados en los libros de texto, en los que la incertidumbre acumulada mezclada con el resentimiento social, dieron por resultado movimientos armados que nos han vendido como populares, pero que fueron aprovechados por las mismas facciones en el poder, casi sin cambio alguno, lo que ha traído como consecuencia que la situación de los marginados con respecto de los privilegiados, se mantenga de la misma forma.

3. Pérdida de visión. Y pudiéramos agregar historias de éxito, pero serían la mayoría individuales y manejados todas como un capítulo de la Rosa de Guadalupe, mientras que los avances sociales se presumen como medallas de los gobiernos en turno, cuando los primeros son muy raros y los segundos se realizaron a pesar de la acción gubernamental. La población pocas veces ha necesitado de favores emanados de las instituciones de gobierno y si éstos se dan, seguramente son precedidos de corruptelas practicadas a discreción donde el pago diluye por completo el concepto de «favor»en algún momento Raymundo Sánchez nos advirtió sobre el cuidado que había que tener de un pueblo hambriento, que existe pero que ha perdido objeto.

4. Fuera de foco. Lo que hay ahora es un pueblo resentido que sólo ve bandos a los que no está seguro de pertenecer, la posible presbicia se debe quizá a que no hemos sabido enfocarnos en una vocación estable, que mantenga los cimientos de lo que suponemos que somos y la frustración consecuente nos lleva a un estado de furia constante que nada más necesita un pequeño pretexto para estallar. Lo malo es que ese sentimiento se desperdicia en «infiernitos» como conflictos vecinales o de tránsito, en lugar de enfocarse en aquellos problemas que nos atañen a todos como la falta de agua, las suspensiones del servicio eléctrico o la pavimentación de las calles, pero eso es material de otra ocasión. Salud.

Beto.

viernes, 15 de mayo de 2026

Esperanza muerta

Muere al último, a veces después
de uno. Foto: BAER vía Meta AI.

Irapuato, Gto.-

1. Mujer difícil. Como nombre femenino resulta cantarino y atractivo para cuando nos sentimos medio apagados en nuestras tareas diarias, sin embargo, la idea o la mujer que lo portan, difícilmente serán un ente sencillo, llegará furtivamente y casi de la nada, decidirá quedarse. Su estadía de un sentido evidente, pero se verá tan normal que nadie pondrá objeción alguna; le esperanza, ésta ya como idea nada más, es lo último que muere. ¿Qué la genera? ¿Qué la mantiene? ¿Por qué, a pesar de sabernos perdidos, sigue presente? Caprichosa lo es, por supuesto, pues su presencia es perenne, pero no se involucra con el resultado de los acontecimientos, sólo brinda consuelo a una prudente distancia y su muerte (por lo general) significa la muerte del esperanzado.

2. Abandono consuetudinario. No hay terceros en la relación con uno mismo y cuando nos sentimos abandonados, normalmente es porque quien se aleja de todo somos nosotros; hay en algunas etapas de nuestra existencia en que la soledad parece atractiva e inevitable el dejar de lado contactos que, con anterioridad, eran muy cercanos. Los pretextos pueden ser muy variados, pero los más socorridos son la falta de tiempo y las múltiples ocupaciones ineludibles; y no es que eso sea mentira, pero lo cierto es que posiblemente estemos poco dispuestos a hacernos tiempo para retomar esas relaciones o quizá consideremos que haya poco que compartir después de que ha pasado el tiempo o que se haya dicho todo entre las partes.

3. Sobredosis de barbitúricos. Requerimos de mantenernos calmados, probamos con cuanto remedio casero y medicamento de patente que tenemos a la mano para lograrlo y lo único que obtenemos es aplicarle más presión a esta olla en que hemos convertido al país; al tiempo en que vamos tomando responsabilidades y las presiones subsecuentes, vamos inventándonos los calmantes que nos mantenían, a veces, poco cuerdos pero funcionales. La normalidad a la que estamos acostumbrados nos provee de una sensación de seguridad a la que nos es difícil renunciar, no nada más porque tengamos miedo, sino también porque no vemos más alternativas a la realidad que nos rodea, producto de la ignorancia sistemática por sobre información.

4. Deceso, no descanso. «Ya descansaré cuando me muera» se oye a algunos que parecen disfrutar el estar ocupados, adictos al trabajo por lo general, sin embargo, una esperanza muerta no descansa, se vuelve una carga muy pesada en la que va de por medio la pérdida de la confianza. Doña Esperanza será la última que muera, pero no es eterna, se mantiene con pies y manos aferrada a cambios que difícilmente se dan; desesperanzarse es la pérdida de sentido, puede ponernos al borde del suicidio material o intelectual. Lo afectivo es el condimento que da cuerpo a lo que hacemos, pero no apunta hacia el ser útil como los otros dos y si eso falta, ya no hay caso de seguir existiendo, por lo que al tener un propósito, la esperanza renace cual ave fénix. Salud.

Beto.

viernes, 8 de mayo de 2026

La creación de expectativas

A veces, lo que esperamos no es una
muy agradable sorpresa. Foto: BAER vía Meta AI.

Irapuato, Gto.-

1. En la víspera. Provienen de un deseo, es innegable y tratar de sondear de dónde surgen éstos, sería como preguntarnos cuál es el sentido de la vida, el interior de nuestro cerebro aún presenta zonas que reservan secretos sobre su funcionamiento y de las cuales sólo podemos intuirlas; la parte racional de una expectativa nos obliga a mantener los pies en la tierra, pero de alguna manera se cuelan en el escenario los rasgos más enquistados del pensamiento mágico, porque si no es por comparación, es por competencia o por ignorancia. En la realidad nacional, formulamos nuestras expectativas en esperanzas poco documentadas antes que en razonamientos estructurados desde la información y ésta última adolece de veracidad en el peor de los casos.

2. Enfrentar la realidad. La vida cotidiana mexicana está llena de evasivas de buena voluntad, pues la mayoría de ellas no buscan dañar a los demás, sino simplemente vivir tranquilamente sin molestar ni ser molestado, cosa difícil si recordamos la dinámica de incertidumbre en la que estamos sumidos, como si se tratara de una condición inherente a nuestra realidad como país, quizá sea por eso que nuestras más caras esperanzas descansen en los botines de once individuos que, cada cuatro años, deben encontrar la manera de zafarse de la responsabilidad de salvaguardar el honor patrio, carga que sistemáticamente les endilgan los gobiernos post revolucionarios a todas las manifestaciones artísticas y deportivas del país.

3. Esperanza inmortal. La consecuencia inmediata a crear expectativas, es el establecimiento de un sistema de ideas que conforman un plan de resistencia que llamamos esperanza; el deseo de que todo se mantenga igual a la etapa en la que nos sentimos a gusto, requiere de seleccionar escenas que nos hagan felices, de razones suficientes para traerlas a la memoria y de no conservar pudores para poder compartirlas con los demás, entonces y sólo entonces, se podrá hablar de esperanzarse en algo. Ese sistema de ideas puede compartirse con generaciones posteriores (generalmente es así y no al revés) con lo que la vida de la esperanza se alarga casi al infinito, por lo que el encontrar la paz en una región determinada o la llegada de un mesías cobran sentido.

4. Antídoto contra la frustración. Lo que esperamos de eventos, acciones propias o de la vida misma debe estar acorde a las herramientas y los insumos con los que contamos puesto que si son menores, pensaremos que no valió la pena el resultado o si los superan, vendrá la frustración; las expectativas suelen ponernos en una plataforma en la que las esperanzas sobreviven hasta que llega algo inamovible por nuestros medios. Aquellos que afirmaron que había que vivir un día a la vez o en palabras de Mateo 6:34 «da a cada día su propio afán», posiblemente consideraron que todos tendríamos la suficiente fortaleza mental para ubicar lo que nos es factible y lo que es necesario, obviamente no tomaron en cuenta el ocio de estos tiempos. Salud.

Beto.

viernes, 1 de mayo de 2026

Así no se puede

Hay más de una razón para no abandonarnos
a la idea de un destino predeterminado. Foto: BAER

Irapuato, Gto.-

1. Todo al garete. Ya de sí la carga es pesada cuando nacemos, para que llegue cualquier hijo de vecino al poder a hacerla más onerosa; somos hechos con masa de crisis, en un molde fabricado con austeridad impuesta desde la cúpula y tan versátiles como el maíz que ya casi no nos alimenta; deberíamos ser ricos como país, no como gobierno, una máxima que creímos haber entendido sexenio tras sexenio ya que nos la habían dicho, con otras palabras, cada candidato con la memoria tan mala, que la olvidaba nada más con sentarse en la silla y la «novia de rancho» en la que se ha convertido el país, parece no tener más destino que el compartirlo con Alfonsina Storni y, con todo, nos mantenemos de pie esperanzados a que el cántico de Yuri en la OTI se haga realidad.

2. La reiterada incertidumbre. Esta palabreja ha aparecido en los distintos espacios que componen este humilde esfuerzo de difusión; permanecemos inciertos sobre nuestro trabajo, sobre los precios, sobre los traslados, ¡sobre si regresaremos a casa! Mantenemos una actitud indulgente ante lo adverso de algunos cercanos y los que estén de moda (por enfermedad o por algún fenómeno metereológico), pero de resignación ante todo lo que suponemos está fuera de nuestro alcance, porque así es y así ha sido desde que tenemos memoria, a pesar de todos los mensajes optimistas sobre el auto empleo, las inversiones, el consumo inteligente, nuestro primer pensamiento es (no lo nieguen) «eso es para los que tienen dinero». Lo malo es que los que ofrecen esos servicios, así es y no hay quien levante la mano para crear los instrumentos financieros para pobres.

3. Pensar sólo lo malo. Herederos de la tradición judeo-cristiana más las visiones místico-trágicas de los pueblos prehispánicos, nos volvimos catastróficos por derecho propio (o pensamos que así es) y nos abandonamos a un sentimiento cuasi apocalíptico único en el mundo. No hacemos tangos como los argentinos, no hacemos zarzuelas sobre destinos ineludibles como los españoles, pero los melodramas son nuestros trajes a la medida para cualquier evento social; el caso es sufrir fingiendo que no lo hacemos o que lo soportamos estoicamente, con la resignación de un mártir medieval, porque «así es la vida» y «a sufrir venimos a este valle de lágrimas», porque díganme si no, «todos en este mundo estamos expuestos a las tentaciones» sin excepción.

4. Sin alternativas. De las reales porque parece haber dos caminos solamente: creer o no creer, a pesar de que deidades y religiones se cuentan por cientos y, para colmo, las tres más difundidas parecen seguir los pasos del mismo dios; el otro parece ser único, pero si se tratara de manejarnos como adeptos, ahí están las ciencias que para entender el universo que nos rodea, han avanzado firmemente y a pasos agigantados a partir de finales del siglo XIX. ¿Es mejor la ciencia que la religión o al revés? Depende para qué; si lo que se desea es confiar en la creación y mantenimiento milagroso del universo, la ciencia sale sobrando o si se pretende cuestionar todo, la religión no es lo suyo; la religión no requiere de un método y la razón todo lo cuestiona. Salud.

Beto.

viernes, 24 de abril de 2026

Sobrevivir sin red

Una vida sin conexión que ofrece la red
es ahora impensable. Foto: BAER
Irapuato, Gto.-

1. ¡Ah, la nostalgia! Cada cierto tiempo, en las redes sociales aparecen archivos en los que se presume que la vida anterior a la explosión de las mismas redes era más interesante, activa y sana, los cuales pueden identificarse porque suelen iniciar con la frase «si naciste en la década de los...», cargados de imágenes y secuencias de escenas en la calle principalmente, hacen notar la diferencia de inseguridad entre los tiempos retratados, lo cara que se ha vuelto la vida y lo frágiles y sensibles que estamos como sociedad. Proponer una vuelta a cómo nos desenvolvíamos cuarenta o cincuenta años atrás, sería como pensar en trasladarnos en carretas tiradas por caballos en caminos de terracería y ninguno de los dos escenarios es deseable.

2. Si lo decían los abuelos... La situación actual sobrepasa cualquier explicación interpretativa, peculiaridades aparte, ahora es así porque el acceso democratizado a la información llegó sin instructivo y más que enseñarnos a manejar datos, aumenta la sensación de incertidumbre en la que cada gobierno nos ha hecho caer, no de la peor manera, pero sí inexorablemente. Mis abuelas, como las de muchos otros, dijeron que todo tiempo pasado había sido mejor, pero cada generación dice lo mismo y no es sólo que todo empeore con los años, sino que las narrativas a las que estamos expuestos apuntan a que eso creamos, desvinculándonos los unos de los otros pensando que cada grupo es responsable de su tiempo, a pesar de que en la realidad, como individuos no lo hagamos.

3. Lo pasado, pasado. Aunque sale a relucir muy seguido en las pláticas de los mayores de cincuenta años, la vida como la conocimos en los setenta y ochenta no va a repetirse ni por que nos quejemos de las condiciones actuales en lo que nos resta de vida; no sólo es la cantidad de gente, la invasión de los espacios que solían ser verdes o el rampante sedentarismo al que nos estamos acostumbrando poniendo como pretexto a la tecnología, es también la actitud mental que abandonamos en aquellos años, fingiendo una adaptación que estamos lejos de aceptar en su totalidad. El hecho de presumirnos «modernos» cosa que ha hecho cada generación, aunque le hayan antepuesto la partícula post en estos días, ha evidenciado más debilidades que fortalezas.

4. Salto de fe. Posiblemente, el impulso de estar conectados a la red todo el tiempo, responda a las necesidades de estar ciertos constantemente hasta tener la sensación de «verdadero» a nuestro alcance; entre tener razón y tener la verdad hay una brecha muy grande de por medio, a la razón hay que justificarla y a la verdad hay que sostenerla. Ninguna de las dos es eterna en cuanto a funcionalidad; por mucho que lo verdadero se mantenga en el tiempo, pasado éste muchas de ellas ya no son útiles, por ejemplo, es verdad que hubo un tiempo en que las fiebres se trataban mediante sangrías, ahora sería impensable hacerlo por la razón de que en realidad, ese método bajaba la temperatura corporal, pero con el riesgo de contraer otras enfermedades. Salud.

Beto.

viernes, 17 de abril de 2026

Lo coreano está de moda

No podemos hablar de invasión, pero sí de
una gran ocupación mediática. Foto: BAER

Irapuato, Gto.-

1. En lo tangible. Automóviles, grupos musicales, series, están circulando en nuestras carreteras, nuestras ondas hertzianas y nuestras pantallas con un éxito moderado pero constante, convirtiéndose en una competencia seria para los productos a los que tradicionalmente estamos acostumbrados. Los autos son confiables, hechos para caminos difíciles, como los de nuestro país, así que sacrifican velocidad por una mayor resistencia. El mundo de la música ya había tenido representantes del lejano oriente como la Orquesta de la Luz venida del Japón que cantaba música tropical; actualmente BTS y Blackpink repiten una fórmula que habíamos visto a finales de los setenta y principios de los ochenta con los puertorriqueños Menudo y Chamos de figuras atractivas cantando letras muy simples.

2. En lo intangible. La moda parece haber iniciado con el agente 007 en la película «Die another day» de 2002 interpretado por Rick Yune como el villano Zao, posicionando a Corea como una potencia en el inconsciente popular, por lo que ahora ver en un canal como Pop Corn Central series de ese país nos parecerá algo normal y tendríamos acceso a otra oleada de grupos encabezados por los F4, médicos en «Doctors» y hasta detectives; aún están en una etapa de prueba, pero se han hecho presentes tanto en las plataformas como Netflix o You Tube como en la televisión abierta como Azteca 7 y el ya mencionado Pop Corn Central. La ficción no tiene fronteras y la prueba está en que un país tan lejano ha adaptado su producción para el mundo.

3. Un ilustre desconocido. Lo que sabemos de Corea se acerca más a sus vecinos los chinos, pero con un ambiente menos denso, poblacionalmente hablando; es tan simplista como pensar que todo aquel que tiene una tonalidad de piel más o menos amarilla es asiático y come sólo arroz, con esos rasgos los hay por toda América y no necesariamente son migrantes recientes, ni siquiera de los últimos sesenta años, pues los hay así (o parecidos) desde tiempos prehispánicos; Corea es tan semejante e igual a los demás países orientales como podríamos decirlo de todas las naciones hispanoamericanas, debido a que ambos continentes fueron producto de grandes imperios. Sin embargo, sus diferencias son menos conocidas porque las similitudes se quedaron estacionadas en su pelo y sus ojos rasgados.

4. Y sigue muy lejos. La costumbre de consumir producciones occidentales, principalmente de los Estados Unidos, ha moldeado nuestro gusto de tal manera que requerimos de cierta picardía salpicada de violencias, horneada a fuego alto, teniendo al vértigo como principal ingrediente. En cambio, las producciones orientales que nos llegan, todavía manejan un ritmo semilento semejante a las producciones de los sesenta, cuya inocencia pareciera rayar en lo cándido desde sus historias hasta los diálogos y los programas coreanos transmitidos en los canales mexicanos no son la excepción. No infiero que sean malos, por el contrario, la calidad de las imágenes y todos los aspectos técnicos son de primera línea, pero por lo anterior, es difícil identificarse con sus personajes. Salud.

Beto.