viernes, 24 de abril de 2026

Sobrevivir sin red

Una vida sin conexión que ofrece la red
es ahora impensable. Foto: BAER
Irapuato, Gto.-

1. ¡Ah, la nostalgia! Cada cierto tiempo, en las redes sociales aparecen archivos en los que se presume que la vida anterior a la explosión de las mismas redes era más interesante, activa y sana, los cuales pueden identificarse porque suelen iniciar con la frase «si naciste en la década de los...», cargados de imágenes y secuencias de escenas en la calle principalmente, hacen notar la diferencia de inseguridad entre los tiempos retratados, lo cara que se ha vuelto la vida y lo frágiles y sensibles que estamos como sociedad. Proponer una vuelta a cómo nos desenvolvíamos cuarenta o cincuenta años atrás, sería como pensar en trasladarnos en carretas tiradas por caballos en caminos de terracería y ninguno de los dos escenarios es deseable.

2. Si lo decían los abuelos... La situación actual sobrepasa cualquier explicación interpretativa, peculiaridades aparte, ahora es así porque el acceso democratizado a la información llegó sin instructivo y más que enseñarnos a manejar datos, aumenta la sensación de incertidumbre en la que cada gobierno nos ha hecho caer, no de la peor manera, pero sí inexorablemente. Mis abuelas, como las de muchos otros, dijeron que todo tiempo pasado había sido mejor, pero cada generación dice lo mismo y no es sólo que todo empeore con los años, sino que las narrativas a las que estamos expuestos apuntan a que eso creamos, desvinculándonos los unos de los otros pensando que cada grupo es responsable de su tiempo, a pesar de que en la realidad, como individuos no lo hagamos.

3. Lo pasado, pasado. Aunque sale a relucir muy seguido en las pláticas de los mayores de cincuenta años, la vida como la conocimos en los setenta y ochenta no va a repetirse ni por que nos quejemos de las condiciones actuales en lo que nos resta de vida; no sólo es la cantidad de gente, la invasión de los espacios que solían ser verdes o el rampante sedentarismo al que nos estamos acostumbrando poniendo como pretexto a la tecnología, es también la actitud mental que abandonamos en aquellos años, fingiendo una adaptación que estamos lejos de aceptar en su totalidad. El hecho de presumirnos «modernos» cosa que ha hecho cada generación, aunque le hayan antepuesto la partícula post en estos días, ha evidenciado más debilidades que fortalezas.

4. Salto de fe. Posiblemente, el impulso de estar conectados a la red todo el tiempo, responda a las necesidades de estar ciertos constantemente hasta tener la sensación de «verdadero» a nuestro alcance; entre tener razón y tener la verdad hay una brecha muy grande de por medio, a la razón hay que justificarla y a la verdad hay que sostenerla. Ninguna de las dos es eterna en cuanto a funcionalidad; por mucho que lo verdadero se mantenga en el tiempo, pasado éste muchas de ellas ya no son útiles, por ejemplo, es verdad que hubo un tiempo en que las fiebres se trataban mediante sangrías, ahora sería impensable hacerlo por la razón de que en realidad, ese método bajaba la temperatura corporal, pero con el riesgo de contraer otras enfermedades. Salud.

Beto.

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