![]() |
| Hay más de una razón para no abandonarnos a la idea de un destino predeterminado. Foto: BAER |
1. Todo al garete. Ya de sí la carga es pesada cuando nacemos, para que llegue cualquier hijo de vecino al poder a hacerla más onerosa; somos hechos con masa de crisis, en un molde fabricado con austeridad impuesta desde la cúpula y tan versátiles como el maíz que ya casi no nos alimenta; deberíamos ser ricos como país, no como gobierno, una máxima que creímos haber entendido sexenio tras sexenio ya que nos la habían dicho, con otras palabras, cada candidato con la memoria tan mala, que la olvidaba nada más con sentarse en la silla y la «novia de rancho» en la que se ha convertido el país, parece no tener más destino que el compartirlo con Alfonsina Storni y, con todo, nos mantenemos de pie esperanzados a que el cántico de Yuri en la OTI se haga realidad.
2. La reiterada incertidumbre. Esta palabreja ha aparecido en los distintos espacios que componen este humilde esfuerzo de difusión; permanecemos inciertos sobre nuestro trabajo, sobre los precios, sobre los traslados, ¡sobre si regresaremos a casa! Mantenemos una actitud indulgente ante lo adverso de algunos cercanos y los que estén de moda (por enfermedad o por algún fenómeno metereológico), pero de resignación ante todo lo que suponemos está fuera de nuestro alcance, porque así es y así ha sido desde que tenemos memoria, a pesar de todos los mensajes optimistas sobre el auto empleo, las inversiones, el consumo inteligente, nuestro primer pensamiento es (no lo nieguen) «eso es para los que tienen dinero». Lo malo es que los que ofrecen esos servicios, así es y no hay quien levante la mano para crear los instrumentos financieros para pobres.
3. Pensar sólo lo malo. Herederos de la tradición judeo-cristiana más las visiones místico-trágicas de los pueblos prehispánicos, nos volvimos catastróficos por derecho propio (o pensamos que así es) y nos abandonamos a un sentimiento cuasi apocalíptico único en el mundo. No hacemos tangos como los argentinos, no hacemos zarzuelas sobre destinos ineludibles como los españoles, pero los melodramas son nuestros trajes a la medida para cualquier evento social; el caso es sufrir fingiendo que no lo hacemos o que lo soportamos estoicamente, con la resignación de un mártir medieval, porque «así es la vida» y «a sufrir venimos a este valle de lágrimas», porque díganme si no, «todos en este mundo estamos expuestos a las tentaciones» sin excepción.
4. Sin alternativas. De las reales porque parece haber dos caminos solamente: creer o no creer, a pesar de que deidades y religiones se cuentan por cientos y, para colmo, las tres más difundidas parecen seguir los pasos del mismo dios; el otro parece ser único, pero si se tratara de manejarnos como adeptos, ahí están las ciencias que para entender el universo que nos rodea, han avanzado firmemente y a pasos agigantados a partir de finales del siglo XIX. ¿Es mejor la ciencia que la religión o al revés? Depende para qué; si lo que se desea es confiar en la creación y mantenimiento milagroso del universo, la ciencia sale sobrando o si se pretende cuestionar todo, la religión no es lo suyo; la religión no requiere de un método y la razón todo lo cuestiona. Salud.
Beto.

No hay comentarios:
Publicar un comentario