viernes, 28 de agosto de 2026

Apocalíptico-apartidista

Es innecesario creer todo lo
que escuchamos. Foto: BAER vía Meta AI

Irapuato, Gto.-

1. Cuestión de conceptos. En una ocasión, mucho antes de la pandemia y del desastre que tenemos como país, en una de esas reuniones que de vez en cuando teníamos con otros doctores amigos de mis papás, se suscitó una pequeña discusión sobre lo que se venía respecto de los problemas nacionales, por fortuna, yo ya tenía más o menos claro mi esquema de pensamiento por si acaso me tocara hablar (que tampoco era que estuviera esperándolo) pero a uno de ellos, quizá porque notó mi interés, se le ocurrió que era buena idea preguntarme mi opinión; ni tardo ni perezoso, expuse lo que yo suponía que era prudente, puesto que estaba frente a empresarios (que es lo que son los médicos) y declaré que dadas las condiciones prevalecientes, era mejor quedar al margen, por lo que uno me cuestionó: ¡no me vengas con que eres apolítico!

2. La aclaración. Aquí fue donde se dio lo realmente interesante, porque por mucho que alegáramos, no saldrían de ahí las soluciones para el país, la aclaración de conceptos; lo único que no me gustó fue el tono de sorna e increpación del cuestionamiento, pero fuera de eso, tuve la oportunidad de corregir la concepción flotante de la palabra apartidista, puesto que yo no he militado en ninguna institución de ese tipo y no quiero hacerlo, por otro lado, no acepté ser apolítico porque de alguna manera y en toda ocasión, debo tomar una postura y, si se da la opción, tratar de convencer a alguien de ella, que de eso se trata la política. Entonces no iba a rebajar mi perfil político a una simple militancia partidista que busca el adoctrinamiento.

3. La tendencia. No me resulta atractivo pertenecer a un partido político por la misma razón de que no me atrae la militancia religiosa, el adoctrinamiento; ahora bien, el comportamiento social como el apoyar a un equipo deportivo, ser seguidor de un grupo musical o un cantante, militar en las filas de alguna agrupación de beneficencia o política, responde más que nada a tendencias, algunas nuevas y otras latentes, como la moda en el vestir o el mostrar euforia por un seleccionado nacional. Somos libres de seguir una en específico, sin embargo, la influencia o la presión sociales son determinantes para que la aceptemos con todo lo que implique; por lo tanto, el considerar que consumir un producto en particular, un grupo musical o votar por alguien son buenos, tiene responsabilidad compartida.

4. Negativa rotunda. Mi enfoque de izquierda de la realidad que estamos viviendo, sugiere el seguimiento de una posible transición de un capitalismo dependiente a un pre socialismo donde proporcionalmente, todos tuviéramos acceso a los satisfactores básicos sin restricciones ni incertidumbres, sin que esto signifique necesariamente una abundancia absurda, pero sí la capacidad de mejorar según méritos escolares y laborales; en otras palabras, dejar de tener una clase menesterosa fácilmente manipulable que nada más aspire a sobrevivir día con día. Sé que lo anterior es un sueño guajiro, pero tiene sus bases en lo solidario que podemos ser a veces y lo poco codiciosos que somos por naturaleza, pero preferimos creernos el discurso de odio de ciertos resentidos sociales. Salud.

Beto.

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