viernes, 24 de julio de 2026

Compartir en el recreo

Vemos la realidad según los anteojos
que tengamos. Foto: BAER vía Meta AI

Irapuato, Gto.-

1. Como relojito. De pronto, cuando creías que eras el dueño de tu tiempo, te das cuenta de que estás condicionado hasta en tus descansos; hubo, hay y habrá reglas para todo, unas más represoras que otras o al revés, unas más liberales que otras, hechas para regular la convivencia cotidiana (dicen) aunque más pareciera que conforman una trampa para hacernos caer en ella; lo vemos así en los periodos libres desde la primaria, nos dimos cuenta de que descansar no es una decisión propia, está planteada desde las instituciones por algo que llamamos el estándar de rendimiento que sugiere pausas de veinte minutos a media hora cada dos o tres horas, algo así como condicionarnos desde chiquitos para una futura vida de oficina.

2. Es trabajo. En la vida laboral, los periodos de descanso sirven para todo menos para descansar, algunos los aprovechan para adelantar o recuperar el trabajo, algo que pareciera nunca logran pues muy seguido dan esa razón para evitar el convivir con los demás, otros invierten ese tiempo en comer, lo que podría provocar somnolencia pero para nada es descanso porque después hay que luchar por mantenerse despierto, los demás tratarán de ponerse al día con los chismes de último momento, lo que también es un gasto de energía. Hasta aquí estamos hablando de distractores, no de recuperadores de fuerzas, aunque es difícil pensar en trabajadores que sepan relajarse y ponerse alertas a placer, ya que las condiciones en los empleos, como en la vida cotidiana, son sumamente estresantes.

3. Las paradas técnicas. Los viajes instruyen, principalmente cuando de emprender uno largo se trata, ya que conforme aumentan los kilómetros, también lo hace la variedad de colores, sabores, aromas y paisajes; esto es una obviedad lo sé, sin embargo, me atrevo a mencionarlo porque, más allá de la sorpresa provocada por la primera impresión, ¿qué es lo que buscamos que se quede en nuestra memoria cuando salimos de nuestro lugar de origen? Habrá quien busque artículos en específico como zapatos en León o cajeta en Celaya, pero ¿a qué iríamos a Uriangato o a Dr. Mora? Y no podemos decir que no tengan algo que ofrecer, lo que nos hace pensar que la instrucción no está sólo en el traslado, sino también en la averiguación previa.

4. Tener los mismos tiempos. Una cosa es ser el organizador de un evento recreativo y otra muy distinta, el ser invitado al mismo; si apelamos a la relatividad, la observancia del tiempo es distinta y pasa tan lento o tan rápido según sea la responsabilidad y la urgencia que se tenga al momento de enfrentar una situación. Hallar un punto en común debe ser el resultado de una identificación mutua, es decir, que el organizador (si no es contratado) se observe como parte del festejo y el invitado, como un colaborador aunque sea eventual. Una ley no escrita nos indica que lo ideal es que todos los participantes de una reunión se sientan con la libertad de disfrutarla en la misma proporción, pues la responsabilidad de su éxito es la misma. Salud.

Beto.

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