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| Distamos de tener el ambiente que se vivía en décadas atrás. Foto: BAER vía Meta AI |
1. Puras promesas. Encontrar un lugar para tomar café, platicar, pasar el rato o trabajar mientras se es bien atendido, está difícil aunque haya varios en la ciudad; ya había hallado uno a tan sólo unas cuadras de mi casa, pero las necesidades personales de los dueños de la plaza donde «Marena» se encontraba, ya no nos permitieron ser partícipes continuos de sus delicias culinarias, al menos no en las siguientes tres semanas posteriores a su cierre, al rededor del 29 de marzo pasado. Todavía un mes después de su partida, esa plaza seguía sin el remplazo que, por lo que nos dijo un pajarito, habían asegurado los mencionados dueños abrirían, sin embargo, ya sea por la inseguridad o por tenernos antojados, no la abrían.
2. Llegó el 1° de mayo. Con esa fecha, la gran reapertura de Marena en una flamante plaza por el rumbo de la colonia La Deportiva, muy cerca de la gasolinera de avenida de la Reforma, la licenciada Rodríguez y yo no fuimos hasta el día dos. Nos encontramos con un espacio nuevo, más amplio, con la misma atención aunque está más diluida por la cantidad de comensales que se dieron cita al mismo tiempo que nosotros; eso nos dio gusto, aunque también un poco de nostalgia porque, de alguna manera, nos dimos cuenta de que ya no sería un espacio tan nuestro, pues sin estar tan lejos, sí representa un desplazamiento menos cómodo para nosotros, principalmente por el calor que hace en estos días.
3. De juramentos. Parecía que ya estábamos hartos, sin embargo, sucumbimos cada sexenio ante los ofrecimientos de seres a los cuales les conocemos las mañas y lo vano de su palabra, quizá porque en el fondo sabemos que así somos como sociedad; en innumerables ocasiones afirmamos que tenemos los gobiernos que merecemos, pero eso es una verdad a medias, porque no todos los habitantes de este país son unos tranzas. Esa versión deben haberla inventado los tramposos para no tener que cargar con su culpa y ser señalados por los demás; con eso estamos cumpliendo el adagio «mal de muchos...» pero pareciera que no nos damos cuenta de que no estamos obligados a soportar castigos ajenos, pues los tramposos nunca han entendido de compromisos.
4. ¿Para quién trabajar? Así como las dueñas de «Marena» encontraron un camino para seguir ofreciendo sus creaciones, quizá todos tengamos la oportunidad de establecernos en algún lugar apacible donde ser productivos en el rubro que sea; se llegó el tiempo en que emprender algo nada tiene que ver con hacer que el negocio crezca hasta convertirse en una transnacional, al parecer, debemos girar hacia lo artesanal porque las condiciones no permiten pensar en grande, ahora bien, no se trata de sumirnos en las sombras de la producción de bajas proporciones, sino de mantener una economía constante, que no apueste por la espectacularidad efímera, que está más que probado que el dinero ganado de esa manera, sólo atrae a las ratas. Salud.
Beto.

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