viernes, 26 de junio de 2026

Yo no voy a sus casas

¿Acaso me han visto predicar para que
se vuelvan ateos? Foto: BAER vía Meta AI

Irapuato, Gto.-

1. ¿Para qué necesitará tanto vocero? No estoy en contra de que todos encontremos la manera más decorosa posible de vivir, mucho menos del intento de mejorar nuestra situación, cualquiera que ésta sea; los oficios ofrecen perspectivas que posiblemente no habíamos considerado, las mismas que después de una vida profesional activa, hasta resultan entretenidas y el espectro que ofrecen es muy amplio, desde lo manual hasta la difusión de ideas. Es en esta última en la que podría explicarme la necesidad de compartir una afición, por ejemplo la música, como lo hace el buen doctor Moragrega (del cual recomiendo su canal del You Tube), sin embargo, nunca he entendido el afán de otros de convertirse en el vocero de una divinidad.

2. Con todo y armamento. Y vaya que los hay en cantidad y en variedad, pues a más de uno de nosotros les habrá tocado en suerte ser visitados por algún grupo entusiasta de los Testigos de Jehová o de una pareja de la iglesia de Jesucristo de los Santos de los últimos días (que éstos a veces nada más se pasean por las calles) invitándonos a leer la biblia y tratar de dejarnos sus publicaciones como La Atalaya o el libro de Mormón y bueno, es loable el empeño en que todos nos convirtamos a su religión, pero la verdad, sus argumentos no pasan del «porque así lo quiere Dios» y si es por eso, él mismo lo dice dentro del catolicismo, así que, ¿qué diferencia hace seguir un ritual u otro? No parece lógico.

3. Si está en todas partes. La ubicuidad parece tener desgaste o fecha de caducidad; una de las primeras contradicciones que descubrí en mi más tierna adolescencia, fue el que una deidad tuviera que necesitar muchas (muchísimas) casas para hacer llegar su mensaje y no casas comunes y corrientes, tenían que ser palacetes con considerable lujo, no vaya a ser que las visitas fueran a criticar, pero si se trata de espíritus (eso que nos fabricamos en comuna), incorpóreos e intangibles, ¿para qué exige esos recintos? O qué, ¿no que estaba en todas partes? Bien podríamos invocar su presencia cada quien en su propio domicilio dado que la costumbre es tener pequeños altares en un lugar específico, pero la humildad de ellos, no parece gustarle mucho.

4. La verdad como patrimonio. Hay un juego con dobles reglas en los mensajes divinos, por un lado, los reguladores de la conducta son razonablemente ciertos, no así los que están hechos para ejemplificar esas enseñanzas, es decir, son fábulas a las que dan un valor de verdad a sabiendas que no lo son, lo cual se comprueba por lo absurdo de sus argumentos o la anacronía con la que fueron escritos. Lo inverosímil del asunto es que hemos llegado al colmo de tachar de falsas a otras creencias (y viceversa) cuando sus argumentos son semejantes o literalmente iguales basados en los mandatos del mismo Dios, lo que pone a cada sistema de creencias, en una plataforma de soberbia incoherente. Salud.

Beto.

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