viernes, 7 de agosto de 2026

Se aburren los tarugos

Los juguetes pueden surgir
de cualquier lado. Foto: BAER vía Meta AI

Irapuato, Gto.-

1. Sin vejigas para nadar. La diversión depende de uno tanto como el ser feliz, si creamos vínculos que nos aten a una sola forma de entretenimiento, la vida nos pasará irremediablemente sin sentido alguno. Si suponemos que la curiosidad se enciende a causa de los eventos externos, estamos perdiendo de vista que somos nosotros quienes producimos los componentes químicos para que se detonen las ganas de querer aprender, es decir, las cosas nos llaman la atención porque queremos saber cómo están hechas, no porque ellas influyan en nosotros. Somos la parte activa capaz de documentar nuestra experiencia para no tener que repetirlas desde la ignorancia absoluta, sino desde plataformas que otros construyeron y las cuales somos aptos para entender.

2. Una adicción. Divertirnos parte de la curiosidad por la diversificación de nuestro entorno; puede ser que nos guste ver la rutina de un comediante, ahora que es más sencillo dadas las grabaciones en la red, pero no nos conformamos con ver la misma cada día, generalmente pediremos variedad en su material o quizá, procuremos que las condiciones en las que lo vamos a ver sean distintas, por ejemplo, que en una segunda oportunidad nos acompañe otra persona para comentar o simplemente compartir la carcajada. Nos gusta la sensación de bienestar resultante de una buena ración de comedia, de una jornada entretenida de investigación o de un encontronazo con la elaboración de frijoles charros, porque pudimos invertir nuestro ser.

3. Responsabilidad propia. Medio la mencionaba líneas arriba, las cosas o las personas no son divertidas per se, requieren de la complicidad de un espectador cuya cultura le permita ver la gracia potencial en su apariencia, en su contexto y en lo que puede inferirse de ellos; parafraseando lo que se dice de la belleza «la diversión está en el ánimo de quien la percibe». Por supuesto que hay personas que nos arrancan una carcajada casi de la nada, pero ¿se han fijado que, conforme vamos conociéndolos, les exigimos más cada vez? Eso es porque en un primer encuentro, el mayor porcentaje de efectividad de una broma o un chiste, está en el factor sorpresa y éste, por lógica, disminuirá en cada exhibición porque ya tenemos un juicio previo del exponente.

4. Hay más juguetes. Resulta cómodo, si se tienen los recursos, pagar por instrumentos que faciliten nuestra diversión, pero es mucho más significativo el encontrar una actividad por nuestra cuenta, que nos distraiga de las rutinas que saturan nuestro cerebro y si ella va acompañada por la creación de los propios instrumentos, el momento de felicidad está garantizado. Si mantenemos la curiosidad por lo que nos rodea, la imaginación nos guiará efectivamente para identificar los objetos que lograrán enfocarnos en una tarea específica, que es sinónimo de entretenimiento. Entonces, podemos transformar unos trozos de madera en un diorama, reciclar partes de una máquina en otro tipo de utilidades o dar valor a aquello que los demás suelen desdeñar. Salud.

Beto.

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