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| Los despertares de nuestra nación no son muy pacíficos que digamos. Foto: BAER vía Meta AI |
1. Una larga siesta. Pasamos de un gran letargo informativo comandado por Jacobo Zabludowski a la desinformación caótica por exceso de datos como forma de evasión mediante un sinnúmero de noticiarios; no puede ser de otra manera debido a la saturación de violencia en las noticias, cuyo efecto se manifiesta en la indolencia sobre la tragedia ajena. Pululan los damnificados por fenómenos naturales o sociales, muertos por atentados, asaltos o errores de acciones del o en contra del crimen organizado y todo está dirigido a probar la paciencia de una población que está al borde del hartazgo, lo que es un verdadero riesgo tomando en cuenta que las sociedades mexicanas son reactivas y poco proclives a la negociación de ninguna clase.
2. Pero con mal despertar. En los doscientos y pico de años de vida de esta nación, los lapsos de aguante has sido «elongados» haciéndonos creer que tenemos una mayor fortaleza, sin embargo, los «despertares» nunca han sido amables, prefiriendo partirnos la cara entre nosotros en lugar de negociar. Existieron momentos, registrados en los libros de texto, en los que la incertidumbre acumulada mezclada con el resentimiento social, dieron por resultado movimientos armados que nos han vendido como populares, pero que fueron aprovechados por las mismas facciones en el poder, casi sin cambio alguno, lo que ha traído como consecuencia que la situación de los marginados con respecto de los privilegiados, se mantenga de la misma forma.
3. Pérdida de visión. Y pudiéramos agregar historias de éxito, pero serían la mayoría individuales y manejados todas como un capítulo de la Rosa de Guadalupe, mientras que los avances sociales se presumen como medallas de los gobiernos en turno, cuando los primeros son muy raros y los segundos se realizaron a pesar de la acción gubernamental. La población pocas veces ha necesitado de favores emanados de las instituciones de gobierno y si éstos se dan, seguramente son precedidos de corruptelas practicadas a discreción donde el pago diluye por completo el concepto de «favor»en algún momento Raymundo Sánchez nos advirtió sobre el cuidado que había que tener de un pueblo hambriento, que existe pero que ha perdido objeto.
4. Fuera de foco. Lo que hay ahora es un pueblo resentido que sólo ve bandos a los que no está seguro de pertenecer, la posible presbicia se debe quizá a que no hemos sabido enfocarnos en una vocación estable, que mantenga los cimientos de lo que suponemos que somos y la frustración consecuente nos lleva a un estado de furia constante que nada más necesita un pequeño pretexto para estallar. Lo malo es que ese sentimiento se desperdicia en «infiernitos» como conflictos vecinales o de tránsito, en lugar de enfocarse en aquellos problemas que nos atañen a todos como la falta de agua, las suspensiones del servicio eléctrico o la pavimentación de las calles, pero eso es material de otra ocasión. Salud.
Beto.

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