viernes, 14 de noviembre de 2025

Las benditas diferencias

Ser diferentes es lo mejor
que nos puede pasar. Foto: BAER

Irapuato, Gto.-

1. No somos iguales. Únicos e irrepetibles es como nos aceptamos al tratar de definirnos como especie, no sólo como un rasgo egoísta, sin por tratar de englobar las características que manifestamos como individuos; exceptuando los intereses en común, cada persona establece sus límites según sus capacidades físicas e intelectuales, ambos aspectos nos hacen identificables ente los demás. Tenemos la misma configuración biológica en dos presentaciones, pero con los formatos tan diversos que, aunque ayamos inventado clasificaciones, éstas no alcanzan a cubrir todas las sutiles diferencias. Esta característica es la que nos hace interesantes ya que no somos como las cebras o los castores que parecen todos iguales, aunque algo así pensamos nosotros de algunos grupos orientales y ellos de nosotros, por supuesto.

2. C’est la difference. Tenemos muchos envoltorios, en ocasiones inútiles, que suponemos nos hacen ver distintos ante los demás, lo cual es cierto a medias; cambian los colores y cambian algunas partes del formato, pero no se puede negar que las tendencias en la ropa (por ejemplo) imponen lo que llamamos estilo. Por así decirlo, la búsqueda de ese estilo y de identidad termina por agruparnos en una clasificación, en un eterno juego entre la individualidad y la colectividad. La diferencia entre sexos nos agrupa en dos grandes colectivos; las especializaciones académicas se transforman en colectivos laborales; las categorías deportivas, en colectivos olímpicos o de campeonatos mundiales. En otras palabras, las igualdades no limitan ni anulan las diferencias, las cuales nos permiten apreciar aquello que nos rodea.

3. Ni por dinero. La propiedad en general sólo nos hace pudientes, no distintos en esencia, un pelado con dinero seguirá siendo un pelado, nada más que con mayor poder adquisitivo, al igual que un prepotente venido a menos, seguirá siéndolo, sólo buscará a otros que pueda considerar inferiores. Los seres humanos en todas las épocas, estamos hechos de la misma materia sólo que intentamos establecer diferencias artificiales mediante narrativas surgidas de mitos, fábulas, mentiras e ignorancia del otro; aceptamos a los iguales (no para todo) sin poder dar razón en qué criterios basamos esa igualdad, posiblemente sea más exacto decir que aceptamos a alguien según nos haga sentir o se comporte frente a nosotros, pues esto nos representa cierta seguridad.

4. Las diferencias están en la mente. Creo que las diferencias físicas y su importancia para distinguirnos no tienen mayor problema ya que eso nos brinda la oportunidad de enriquecer nuestra genética, pero las diferencias de pensamiento, culturales o de expresión no pueden ser motivo de segregación pues, al mismo tiempo que amplían nuestros horizontes y perspectivas, son también oportunidades de aprendizaje y de apreciación del entorno. Aunque bien visto, todos en este mundo mantenemos las mismas estructuras de pensamiento y valoramos casi las mismas cosas en el mismo orden, al menos en la generalidad, por ejemplo, la vida, el trabajo, la naturaleza o las relaciones humanas por lo que parece absurdo que nos empeñemos en tratar de buscar conflictos en diferencias nimias, como un guisado. Salud.

Beto.

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