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| La democratización de la emisión no garantiza un buen criterio de consumo. Foto: BAER |
1. Perfil del oyente. Era de esperarse que, ante la avalancha de transmisiones radiofónicas en la red y dadas las facilidades de producción que ofrece la tecnología actual, haya un segmento importante que escuche programas de audio digital y se convierta a su vez en un universo atractivo para marcas de productos diversos, ahora bien, si pensamos en un perfil específico de los oyentes de este tipo de contenidos, debemos dejar de lado los aspectos técnicos como la portabilidad de los aparatos, la omnipresencia de las señales (aunque éste sí, un poco) o las compañías que las proveen en otras tareas, para voltear a ver directamente a los contenidos que suelen ser más libres y responder a necesidades más específicas para segmentos cada vez más definidos.
2. Requisitos del creador. A la proverbial imaginación de un creador de contenido, se unen la perseverancia, la disciplina y el orden pues, sin la tangibilidad que dan, aquella nada de valor tendría; unos pasos atrás, viene el valor para compartir con los demás lo creado. Hay también un dejo de desfachatez, pues producen pensando que lo que hacen está bien y que no tienen necesidad de buscar la aprobación del público aunque sí su adhesión, basados en que todo el mundo es libre de escoger lo que consume y, por supuesto, lo que transmite. Ese pequeño arrebato de orgullo se diluye fácilmente si el medio escogido no presenta la cantidad de seguidores necesaria para lo que ahora llamamos monetizar, lo que al final del día, moldeará las intenciones iniciales para hacerlas más adecuadas.
3. Las plataformas. Empezando con Spotify, las plataformas de radio digital (es lo que son) han venido ofreciendo una democratización a la que hemos accedido, como en todo, sin saber más que la mecánica de uso, los lenguajes y los contenidos parecen haber quedado en un segundo plano con el pretexto de la libertad de expresión. Por supuesto, hay muchas producciones que valen la pena y otras muy valiosas, pero no son sencillas de encontrar si no establecemos desde un principio, el tipo de temas que deseamos para un buen tiempo, pues si abrimos algo que nos entretenga por un momento nada más, el logaritmo se encargará de tomar decisiones por nosotros. Lo mismo pasa con Cast Box, Pocket Casts, Radio Public y otras tantas plataformas que brindan el servicio de acercar voces nuevas y no tanto al público.
4. Futuro de la radio. El cambio en los sistemas de transmisión para nada implica que los formatos radiofónicos vayan a desaparecer, únicamente cada estación, cada canal virtual, tendrán que pasar un periodo de purga semejante en el que sólo los programas que valgan la pena sobrevivirán; es cierto que se requiere dinero para mantener una estación, lo mismo que una plataforma virtual, lo que pone una oportunidad de oro frente a nosotros para dejar de pensar en que cada entidad radiofónica debe rascarse con sus propias uñas para imaginar otros formatos de producción, quizá comunal y de autoconsumo, no como las cadenas actuales que reproducen diariamente la guerra de marcas, sino en una real cooperación en la que todas las productoras tengan la oportunidad de vivir. Salud.
Beto.

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