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| Hay preocupaciones que nos enajenan del entorno. Foto: BAER |
1. Las voces cotidianas. ¡Quién fuera perro! Para poden andar por allí, sin dar cuenta de lo que hacemos, robar comida de donde se pudiera, yacer con quien se nos diera la gana, dejar nuestra marca en cualquier poste y oler traseros a diestra y siniestra, pero no, diría Miguelito que nos tocó el estúpido papel de ser humanos y aquí estamos, persiguiendo una chuleta que a veces ni cara de frijoles tiene, tratando de impresionar a alguien para ser dignos de sus favores o juntando recursos para tener, al menos, placeres efímeros; los que gozan de un sueldo, irán a romperse la espalda a una oficina o a un asiento de un vehículo automotor de alquiler, los que no, irán por las calles vendiendo tamales, elotes, bolsas para basura, pan o fierro viejo que teeengaaaan.
2. Las noticias en contra. Casi olvido los azucaraditos churros que son cuatro por diez pesos; las que sí son olvidables, pasan a toda hora en los noticieros de la radio y la televisión. Violencia por todos lados sin que sepamos a qué se debe ni por quién es perpetrada, como lo del coche bomba en Michoacán el pasado seis o siete de diciembre, mientras la presidente daba su discurso triunfal por siete años de, en su mundo de fantasía, logros de la transformación de cuarta. El escuchar sólo noticias negativas en su mayoría, responde a una razón importante para mantener el control de la población que es la incertidumbre, pues con ella el nivel del miedo por no saber qué pasará, nos tiene a todos a la expectativa y sin esperanza de que la cosa mejore.
3. Preocupones que somos. Es posible que nuestro primer rasgo serio de crecimiento sea la preocupación por los demás, eso porque los demás apuntan hacia la satisfacción y el bienestar propios, lo que está bien, puesto que si no somos capaces de apreciarnos a nosotros mismos, no hay manera de que lo hagamos con los otros. Claro que, cuando le encontramos el gusto a preocuparnos por cualquier cosa, tomamos para nosotros un protagonismo artificial que sí, tiene algo de verdad, pero la otra parte suele ser una actitud posada, sin llegar a ser falsa que resulte poco confiable, porque el tono utilizado deje entrever algo que indica poco compromiso, más allá de la congoja momentánea y el comentario resignado. ¡Ah! Y no puede faltar la queja impersonal a quien corresponda.
4. Miedo no, precaución. Temor lo tenemos porque traemos en la memoria las atrocidades ocurridas en la revolución y la cristeada, pero es una impresión de segunda mano, en realidad no hemos visto la violencia generalizada como en otros lugares. La franja de Gaza, Vietnam, Irlanda o Kosobo quedan del otro lado del mundo, así que no nos tocan como pudieron hacerlo los conflictos de Nicaragua, Colombia o Venezuela, pero también sabemos cómo tratamos los conflictos domésticos, ignorándolos. Sin embargo, tememos que nos pase lo mismo porque los periodos entre los eventos violentos se han venido acortando y cadi hemos normalizado los sonidos de balazos y las largas estadías encerrados en casa; no podemos tener miedo a lo que no conocemos, pero tampoco deseamos conocerlo, por precaución. Salud.
Beto.

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