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| ¿Qué culpa tiene uno de ser de buen diente? Foto: BAER |
1. Resistencia mental. Luché lo más que pude contra la tentación, traté de ocuparme del relajo que tengo en el departamento desde que adquirí la impresora y debí hacerle un lugar en el estudio, procuré no tener información a la mano que alimentara mi convicción en contra de todo aquello que consideramos milagroso... Todo fue inútil, sucumbí a cuanto platillo temático se me puso enfrente y también a las recetas para bajar de peso rápidamente, así que, me confieso pecador. Y pensar que aún faltan Navidad, Año Nuevo, Reyes y la Candelaria. Me había dicho a mí mismo que no podía seguir por este camino de perdición gastronómica, que si ya había probado que soportaba el estar a régimen, no valía la pena jugarle al vivo con eso de que con poco ejercicio volvería a la normalidad... pero, ¡los tamales!
2. Sigue siendo motivo. No conté con que el día de mi cumpleaños se colaba por estas fechas y a todos los carbohidratos que se alinean en estos días de verdad importantes, hay que añadir a los que suelo consumir en los tres días anteriores y los tres posteriores al veinticinco, total que en siete días suelo empaquetarme lo que en todo el puente Guadalupa-Reyes se tienen contemplados; en otros años los festejos tenían que darse donde me agarrara el alba, ya que mis empleos no me permitían estar en un solo lugar justo ese día, pero si no era un fin de semana, se trataba de un día laboral en una ciudad distinta casi cada año. Supongo que ni de agente viajero hubiera cambiado tanto de sede y eso que solía regresar cada semana a casa de mis papás cuando estudiaba y a mi casa, ya que había tomado mi vida por mi cuenta.
3. Triste saberlo. No sólo la ingesta de ciertos alimentos ha presentado una merma, también mi autonomía de vuelo que comenzó con el temor a caerme que me dio la última vez que intenté subir a la azotea por la reja de la ventana del estudio; la flexibilidad y la fuerza se mantenían intactas, no así mi temeridad, pues de pronto me atacó un pensamiento sobre las consecuencias de una posible caída, aún siento los estragos de la fractura de clavícula de hace como veinte años. Dicen que todo por servir se acaba, pero no para lo mismo a la misma velocidad, así que con paciencia, podríamos tener los mismos resultados, nada más espérennos tantito. Si nos creemos que la vida productiva termina cuando llegamos a cierta edad, estaremos negando la riqueza que acumulamos todos estos años.
4. Sigue la mata dando. Romper uno y comenzar otro ha sido la tónica que he llevado a cabo durante varios años, lo malo es que han sido ciclos iguales que empiezan y terminan en el mismo lugar, la glotonería. Lo importante para cada caso, es que aún tengo la disposición para imaginar que puedo hacerlo, que no salgan las cosas como imaginé, es otro cantar. No es que esté en constante lucha en contra del sobrepeso, las figuras redondas no me molestan, pero el dolor de rodillas aí que me saca de mis casillas, así que cada año me doy a la tarea de tratar de convencerme de mejorar mi aspecto... ¡ah, sí! Mi salud también. En vísperas de un nuevo ciclo, las promesas de cambios parecen perder peso y quizá sean las únicas que lo pierdan porque en lo que me corresponde, no estoy seguro. Salud.
Beto.

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