viernes, 19 de diciembre de 2025

Hacer méritos

La IA pareciera una amenaza
al trabajo humano. Foto: BAER

1. El eterno aprendiz. Por con convencimiento o por aleccionamiento, vamos por la vida buscando un lugar seguro donde guarecernos de las tormentas que provoca nuestro entorno, la sensación de inseguridad disminuye nuestros ímpetus de emprendimiento, por lo tanto, nos conformamos con cumplir con algunos lineamientos establecidos en casa y reforzados en la escuela; y es justo el sistema académico el que nos introyecta la idea de que aprender es un proceso interminable y único camino para entender el entorno; esta idea tiene algo de cierto, sí es un proceso que no termina, pero depende de cada uno ya que, supuestamente, una vez terminada la universidad, ya aprendimos a aprender y el conocimiento no es patrimonio exclusivo de la escuela, sin embargo, ésta se autoproclamó como la validadora de (incluso) nuestras habilidades.

2. La hiperespecialización. Doctor, vengo con usted porque tengo problemas con mi testículo izquierdo; -Lo siento señor, no puedo atenderlo. Yo soy doctor en Derecho; -¡Ah! Malditos especialistas. Por mucho que la situación retratada en el chiste anterior pueda parecernos ridícula, la especialización extrema nos ha ido empujando a crear espacios laborales inconexos, aunque nos los vendan como complementarios; carreras como Ingeniería en Ciencia de Datos, Ingeniería en Energías Renovables, Gestión Ambiental o Telemedicina Y Análisis de Datos de la Salud, parecieran no tener un objeto de estudio aplicable en estos tiempos pues se anuncian como aquellas que responderán a necesidades futuras lo que las pone en un pronóstico negativo a la hora de que un egresado suyo busque trabajo.

3. Carreras actualizadas. Cualquiera de ellas, haciendo un esfuerzo supremo y tratando de rascarle lo más profundo a sus objetivos, quizá tengan alguna oportunidad de parecer coherentes, pero hay otros como «Internet de las cosas» que dicen gestionar redes de dispositivos inteligentes conectados para la recopilación e intercambio de datos, una descripción muy rimbombante para un técnico en electrónica que se dedicará a diseñar y conectar teléfonos, ordenadores, relojes y Alexas entre sí. Eso suena a un «Profesional técnico en cambio de posición y locación de productos intercambiables mediante un valor monetario» (más o menos era el título de una carrera en la UTL) para llamar a un vendedor capacitado por cuatro años. Las universidades vienen convirtiéndose en un bistro académico.

4. De los futuros, el incierto. La versión de que todo es mejor y más sencillo cuando estudiamos que nos contamos en nuestras etapas escolares, se ponen en entredicho cuando, al buscar empleo, resulta que el número de egresados supera por mucho, la cantidad de plazas laborales ofrecidas y de las especializaciones, ni hablar, casi no hay mercado para ellas. Lo único que queda es esperar, si no tenemos una palanca a la cual asirnos o ponernos a trabajar en otra cosa ajena a lo que estudiamos, el caso es tener una entrada de dinero fija, pero como en todo, las alternativas no siempre son a nuestro gusto... ¿y cómo iba a serlo, si por algo estudiamos una cosa en específico? Ni los que tuvieron la suerte de emplearse en la carrera que siguieron pueden estar ciertos de que ese trabajo los mantendrá siempre. Salud.

Beto.

No hay comentarios:

Publicar un comentario