viernes, 9 de enero de 2026

Bueno por decisión

Nacer bueno es fácil, lo complicado
es mantenerse así. Foto: BAER

Irapuato, Gto.-

1. No alcanza. Hacernos responsables de nuestros actos está, por lo general, sobreentendido dentro de un contexto en el que se considera un signo de inteligencia el evadir el cumplimiento de las reglas; en la vida laboral o en el deporte profesional se da como ley no escrita, el manejar a la evasión como moneda de cambio, por lo que la primera respuesta ante un problema, lo hayamos provocado o no, es «yo no fui». La manera en que vemos u valoramos nuestras acciones, está plagada de condescendencia y posturas defensivas que sólo hacen que nos distanciemos entre nosotros aumentando con ello, la desconfianza con la que nos manejamos cotidianamente. Además, el «otro» se nos pone de modo, entre más desconocido y abstracto pero en boca de todos esté, mejor, así, la «gente» será el comodín o la vieja confiable de ordinario.

2. El vigilante. Independientemente del perfil religioso, siempre habrá un individuo que se postule como el encaminador de almas hacia la salvación, cualquier cosa que esto sea, blandiendo una serie de argumentos de respeto o temor, por un destino que generalmente es condenatorio; éstos, a quienes me tomaré la libertad de llamarlos vigilantes, tratarán de imponer como verdad, los postulados que su convicción y percepción ubican como eterno e inmutable, suponiendo que al ser lo único válido en este mundo, será su obligación convencer a los demás de que se unan a esa perspectiva, pero su argumentación está basada en la confrontación con quienes consideran equivocados, por lo cual preguntaría, ¿si llegaran a convencernos a todos, cuál sería la razón de su existencia? Ya no tendrían con quién discutir.

3. Cambio difícil. Pasar de creyente a ateo no es una decisión que se tome de un día para otro, ni siquiera se da porque no haya manera de comprobar lo que exponen las religiones, es más bien un proceso en el que lo natural, mundano y comprobable mediante las ciencias nos provee de certezas más coherentes con las realidades a las que nos enfrentamos, todo a pesar de que también nos inventamos formas para dominarnos entre nosotros y eso, también tiene explicación. La razón por la cual mencionar lo anterior viene al caso es porque cada cierto tiempo, como ahora, nos preguntamos si en realidad ser religiosos nos hace buenos y el no creer, malos y la respuesta que encuentro no es del todo satisfactoria para aquellos que han puesto su fe en una divinidad, porque de asesinos o ladrones creyentes está repleto el mundo.

4. La humanidad se impone. Ser parte de los grupos humanos nos representa la responsabilidad de preservar tanto rasgos físicos como culturales, además de darnos identidad, nos da el derecho de pregonarlos en otros lugares; dar auxilio en la calle a quien lo necesita, es algo que alguna vez hemos hecho, nada como para ganar el Nobel, pero sí que renueva la esperanza en nuestra esencia; cumplir con nuestras obligaciones caseras no requiere de justificación ni de andar anunciándolas, pero hay un agradecimiento abierto o tácito tanto de propios como de extraños. Cada actividad cotidiana es un aviso de que somos buenos, así nada más por naturaleza, que las influencias son sólo refuerzos de intereses adquiridos y promovidos por aquellos que tuvieron una deficiente educación o tuvieron ninguna. Salud.

Beto.

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