viernes, 16 de enero de 2026

Si no das, no quites

El principio de propiedad indica que nada
de otro es enajenable. Foto: BAER

1. Educación importante. Invariablemente se llegará el día en que las advertencias que nos hicieron nuestros mayores tomen sentido, en algunos más tarde que en otros, el caso es darnos cuenta; no será lo primero que nos enseñen, pero cuando adquirimos un mínimo de razón, aprender a ser justos se impone por encima de todo, principalmente a la hora de aceptar ayuda u obsequios. No faltará el momento en que se nos diga que sí hay que aceptar de buena gana lo que se nos ofrece, pero sin abusar porque no sabemos en qué condiciones se encuentre el obsequiante, así que lo recibido debe ser de conformidad. El mecanismo mental para lograr eso tiene que ver con valorar ese detalle (material o virtual) como algo que se da de corazón, sin importarnos si hay intenciones ocultas en esa acción.

2. Principio de justicia. En aras de la equidad, la visión de un derecho igualitario para todos tendría que imponerse por encima del derecho del más fuerte que impera hasta nuestros días, sin embargo, al conducirnos por la búsqueda y el establecimiento de diferencias, el encontrar concordancias para un fundamental funcionamiento social basado en capacidades, nos deja con la única opción de poner precio a nuestras tareas, lo que significa desigualdad; todavía suponemos y nos suena lógico que el trabajo de un abogado sea más importante que el de un plomero por los años de estudio, la cantidad de información que ambos manejan y el método utilizado para resolver sus respectivos problemas, pero en cuanto a las implicaciones de salud, ¿quién de los dos saldría mejor librado de un desagüe tapado?

3. La solidaridad. Es cierto que nadie está obligado a dar a sus iguales si no hay una deuda de por medio; otorgar, obsequiar, donar, cooperar, son actos de mera voluntad en los que ponemos en juego educación y valores y algunos intereses (¿por qué no?), pero reitero, nadie nos obliga a participar, así que en este punto tampoco tendríamos derecho a atacar el esfuerzo de una persona o una agrupación por ayudar a un necesitado. La idea generalizada sobre el bien obrar es dar sin pedir nada a cambio, posiblemente porque suponemos que a todos nos va a llegar, tarde o temprano, la oportunidad de recibir. Pero, ¿qué tal si no todos estamos en la misma sintonía? Que es lo que parece suceder con varios en cada sociedad conformada en este planeta que nada más sirven para acumular en detrimento de los demás.

4. De convivencia básica. Entre los individuos como entre las naciones, la oración atribuida a Juárez ha brillado por su ausencia en los organismos que él presidió de manera itinerante y sin ningún atisbo de querer dejar el poder por momentos; la sensación debe ser sumamente adictiva, pues aquel que entre no se sale, aunque afirme que se retira. Pruebas de ello hay muchas de aquellos que ocuparon un cargo y no resisten la tentación de sentir los reflectores en su cara, curiosamente para criticar en los nuevos ocupantes de los puestos, eso que ellos también hicieron mal. En alguna ocasión, uno de mis tíos, Román, dijo que todos teníamos derecho a ser rastreros alguna vez, pero no tanto ni tan seguido porque si ya hiciste trampa y te saliste con la tuya, repetirlo sería una vileza. Salud.

Beto.

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