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| Si hacemos lo que nos gusta resulta muy satisfactorio. Foto: BAER |
1. Convicción de ayuda. Hay que tener mucho estómago para soportar los embates del dolor y las necesidades ajenas porque cada uno sabe dónde y cuánto le duele, pero ¿a los demás? No debe ser fácil proponerse como alivio de las penas de los demás ya sea desde la profesión o el oficio que tenga que ver con el físico, la base económica o las estructuras morales, dado que todas ofrecen oportunidades de sacar provecho en cualquier situación y no caer en la tentación, requiere de un trabajo mental que incluye el saber de qué seríamos capaces. Si partimos de la base de que en un gran porcentaje estamos expuestos a influencias no muy honorables que digamos, entenderemos que la voluntad por hacer bien las cosas tendrá por fuerza que estar sustentada por la manera en que hayamos sido educados de pequeños.
2. El altruismo. En la superficie y en el fondo, el altruismo manifiesta la bondad por la que las personas piensan en incursionar en él, sin embargo, hay un sector que se oculta detrás que deja un margen significativo para la especulación, puesto que las intenciones pudieran no ser tan puras; si hurgáramos en el interior de instituciones como la Lotería Nacional, Pronósticos Deportivos o el Teletón, quizá nos encontráramos con ciertos espejismos de oportunidad donde los dos primeros «juegan» con la esperanza casi mágica de la obtención de riqueza rápida y sin esfuerzo y el tercero se fundamente en la base de que algo es necesario, aunque nadie lo haya pedido. Fuera de los rumores de que están diseñados para evadir impuestos, el hecho es que la idea de la bondad altruista no nos permite ver el trabajo detrás.
3. Búsqueda de iluminación. Si el camino de la ayuda al prójimo no nos satisface, está el de la búsqueda de uno mismo por medio de ejercicios espirituales en los que, al parecer, Ignacio de Loyola era un campeón; algo así se dice también de Teresa de Ávila y de Juan de la Cruz, aunque siempre he pensado que a los tres los hicieron doctores de la iglesia por haberla dotado de marcos conceptuales para justificar el adoctrinamiento de los infieles conversos. El caso es que, además de ellos, existen formatos para hacernos uno con el universo, sentirnos producto del polvo de estrellas (lo que sea eso) y ser herederos de la trascendencia. Lo que no cuadra es la ortopedia que ofrecen los ya iluminados, con sus ideas raras sobre las privaciones y los sacrificios; ¿no se lograría lo mismo bien alimentados?
4. Hacer lo que se quiere. No podemos decir que nos encontramos en gracia si somos forzados a hacer algo que no queremos, la obligación impuesta desde afuera limita las posibilidades de crecimiento y aprendizaje a obtener productos que satisfagan las necesidades de quien los solicitó y a lo único que se puede aspirar, es a mejorar los tiempos de producción. Es lo mismo para ambas partes en una relación laboral industrial, sin importar el giro de la empresa. Como para todo hay que pagar un precio, si deseamos hacer lo que nos gusta, debemos abandonar la idea de que otros nos provean la seguridad social, pues todos los gastos deberán correr por nuestra cuenta, a cambio de decidir el qué hacer, cómo hacerlo y en cuánto tiempo; la libertad tiene su atractivo. Salud.
Beto.

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