viernes, 27 de febrero de 2026

¿Sanar sin ortografía?

Más que por evolución, nuestro idioma
ha cambiado por descuido. Foto: BAER

Irapuato, Gto.-

1. Práctica novedosa. De entre las novedades (lo son para mí) que andan circulando en las redes, una en particular llamó mi atención, no porque la considerara falsa o poco razonable, todo lo contrario, sino por la afirmación que se expuso en una publicación en particular, que trata sobre la escritura terapéutica; como afirmé, sí creo que funciona, a mí mismo la escritura me mantiene cuerdo y alerta, aunque no sigo los lineamientos de una terapia en sí, para cualquier propósito, las cosas deben hacerse bien, pues eso nos crea la sensación de seguridad, que al final es lo que buscamos, así que si una señorita que está promoviendo la escritura terapéutica afirme que hay que dejar lo que traemos sin importar la ortografía, no me da mucha confianza que digamos, porque daría lo mismo hablar sin sentido suponiendo que nos entendemos.

2. Es lo que decimos. Las palabras son maravillosas, tienen el poder de provocarnos o tranquilizarnos, de elevarnos por las nubes o dejarnos caer a algún particular infierno creado para propósitos non gratos, lo que nos decimos a nosotros mismos tiene una relevancia primordial pues es exactamente lo que creemos que somos, lo malo es que las dinámicas sociales nos han introyectado una idea de sencillez y humildad que siempre ve a una observación propia como presunción. No es factible estar sanos mentalmente si sólo nos hemos prohibido auto alabarnos pero sin decirnos cuáles son sus límites y luego, en una entrevista de trabajo, se les ocurre preguntarnos cuáles son nuestras cualidades. Es casi imposible mencionarlas de una manera sobria, mesurada, si no nos apreciamos realmente.

3. La exageración. Dicen que entre broma y broma, la verdad se asoma y en ocasiones dejamos que ciertas actitudes nos definan suponiendo que, con ello, logramos imponernos en la apreciación general. Las afirmaciones o exclamaciones exageradas suelen servirnos para indicar que, aunque no nos gusten o estemos de acuerdo con algo, nos mantenemos abiertos a cambiar de opinión porque no necesariamente eso nos define, claro está, debe ser una afirmación hecha con cierto tono que delate la contradicción, es decir, si yo afirmo que nadie en el mundo es más puntual que éste que lo asegura, con un tono de extrema solemnidad, será casi evidente que no estoy hablando en serio y que en realidad, posiblemente lo intente, pero habrá ocasiones en que lo logre porque todos sabemos de los imponderables.

4. Convencimiento por lo dicho. De la manera como nos expresamos es la misma en la que obtenemos lo que queremos; no es lo mismo hacer una lista de clases de inglés que una de clases de ingles, la tilde nos remite al idioma de Shakespeare y su ausencia al incierto mundo de las entrepiernas. Si creyéramos en los decretos como formas de atraer beneficios por parte del universo, imaginen que éste fuera muy exigente o sumamente literal en su entendimiento del idioma en el que se le solicitaran las cosas, cualquier error en el mensaje nos metería en problemas o frustraciones al no obtener lo que pedimos, pues hay mucha diferencia entre solicitar llegar a la cima de algo, que hacerlo a una sima; y les juro que ambas existen, tengan cuidado. Salud.

Beto.

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