viernes, 6 de marzo de 2026

Motivos de la escritura

Las historias llevarán nuestro nombre,
pero son propiedad de quien las lee. Foto: BAER

Irapuato, Gto.-

1. Dejar constancia de la existencia. Es una necesidad, aunque se consideren algunas de sus expresiones vandálicas; dibujar letras en las superficies a la mano, nos deja la sensación de que una parte nuestra permanecerá en este mundo aun nosotros ya no estemos. Desde un grafitero hasta un literato, confían en el poder de la palabra escrita para provocar sentimientos en los demás, para que se les asocie con una idea, un movimiento o un lugar. Si son personajes los que se crean, no se le confía nada más en su apariencia, sino que se le da importancia a lo que dice y cómo lo dice, lo que tiene que ver con su entorno y las relaciones a las cuales se le somete, con el fin de mantener cierta coherencia, a menos que se trate de una obra de fantasía o de ciencia ficción; algunas sátiras se permiten mezclas de estilos.

2. Documentar formas de vida. O mejor, maneras de vivir, porque la biología no es lo mío y soy muy dado a cambiar nombres; ya me veo inventando especies y reclasificando familias y con eso de que ya no existen las razas, dicen, no creo prudente el que incursione en esos terrenos. Dicho lo cual, me enfocaré en algo que entiendo mejor que aquello; la tradicional división por clases sociales se ha ido segmentando, principalmente en la media donde un sector tiende a desaparecer y los otros se aferran a una posición insostenible en el mediano plano, si las condiciones del país siguen el mismo derrotero. Los hábitos de consumo nos pintan universos que suelen explicarse casi como un machote, pero que en realidad son interpretados desde el interior de cada grupo social según sus necesidades básicas inmediatas.

3. Plasmar el conocimiento. Titulé así este apartado porque socialmente sería más identificable, sin embargo, entenderemos que en nuestros escritos propios, lo que plasmamos es lo que sabemos, pero parecería medio pedante un subtítulo así. Generalmente pensamos que hay que tener cierta edad para dejar por escrito nuestras ideas, también que la preparación para ello debe ser mucha y que, quienes empezaron jóvenes serían genios de los que hay muy pocos; todo eso es cierto en parte, pues todo depende del género que queramos abarcar pues un buen cuentista puede empezar a temprana edad y un columnista requiere algunos años de experiencia. Lo que sí es un requisito indispensable es un buen manejo tanto del lenguaje a utilizar como de la lengua en la que se escriba, en nuestro caso, español.

4. Apropiarse de una realidad. Tomar algo en la realidad requiere de cumplir ciertas obligaciones si no queremos meternos en problemas, algunas cosas compradas, otras como obsequio, las de más allá, heredadas, pero todas de alguna manera, comprobables ante los demás. En la literatura no es así, basta con describir aquello de nuestro interés para que se vuelva nuestro, pero la cosa no para ahí, cada vez que un lector repasa las letras que hayamos escrito, también se adueña de aquella realidad y la transforma según su imaginación le« vaya dictando las formas, los tamaños y los colores que darán como resultado una nueva creación, tan válida como distinta de la original y de la primera «copia» literaria y lo mejor de todo, es que con cada lectura saldrán nuevas creaciones. Salud.

Beto.

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