viernes, 6 de febrero de 2026

Vivir el presente

Vemos pasar el tiempo... ¿Y luego? Foto: BAER

Irapuato, Gto.-

1. En estricto sentido. Fue el grito de batalla al final de los sesenta y buena parte de los setenta, para los ochenta se había transformado en poco menos que un slogan y de ahí para adelante, se ha repetido como una fórmula de comportamiento para la aceptación instantánea por parte de quienes ven en la inmediatez la única temporalidad aceptable. En términos newtonianos, el presente dura sólo un segundo -por poner un lapso perceptible-, pero en una visión relativa, tendríamos que hablar al menos de un día, pero en cualquier discurso podríamos afirmar «la presente semana», «el presente mes», «el presente año», así sucesivamente y todo sería aceptable. Y ya que hablamos de conceptos, «vivir el presente» supone tanto el ver pasar el tiempo como el ser consciente del entorno o disfrutar de lo que hay en él.

2. Pasa el tiempo. El tiempo no está en nuestras manos, querer adelantarlo o detenerlo es como aspirar a controlar la rotación de la tierra; el envejecimiento tampoco depende del tiempo, es un proceso natural de desgaste de las células que en unos puede ser acelerado y en otros más lento por ello la diferencia en las duraciones en especies como en individuos; lo que marce el tiempo es la arbitrariedad, su concepción como una dimensión nace de la ciencia ficción (lo cual no significa que sea falso) y del deseo de viajar a otras épocas sin tener que envejecer. Habría que notar, por si están pensando en el experimento de los dos relojes en el que mandan uno al espacio exterior y el que se retrasa un minuto, si en lugar de que el tiempo se «estirara» ¿no habrá sido que el mecanismo se vio afectado por la falta de gravedad?

3. Vivir el presente. No somos los únicos habitantes del planeta, lo compartimos con animales y plantas ¡y con otros seres humanos! Tienen ideas, inquietudes, necesidades, suelen exigir atención y no hacen caso de imposiciones, justo como nosotros. Entendemos todos que el vivir aquí es un préstamo y coincidir con los demás es cuestión de suerte; que por mucho que haya avanzado la ciencia, el planeta nos sobrevivirá a todos; la eternidad dura hasta que nos llega la muerte y trascender es un anhelo que logran unos cuantos, para la mayoría está el olvido que suele llegar en la tercera o cuarta generación siguiente a la de cada uno. No debería entristecernos (un poco, sí) ya que es un destino común y la ortopedia celestial, es sólo la manifestación de un individualismo exacerbado guiado por la resignación.

4. Disfrutar no es embrutecerse. En alguna de mis clases universitarias, tuve a bien implementar una práctica en la que mis alumnos debían mostrar sus dotes de adaptabilidad cognitiva, tratando de enseñarme algo que dominaran o conocieran bien; la clase se llenó de módulos de cocina, actividades técnicas y juegos de destreza, pero una en particular llamó mi atención por lo atrevido del tema y el arrojo que mostró el muchacho que lo iba a llevar a cabo. El caso es que iba a enseñarme a tomar, lo cual hizo que me imaginara que terminaría sabiendo sobre texturas y sabores, quizá los diferentes tipos de copas o las cosechas más apreciadas, pero ¡oh, decepción! Todo se trató de la mecánica de destapar una botella y tomar hasta emborracharse; obviamente tuvo que realizar otra práctica. Salud.

Beto.

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