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| Reclutamiento y cambio de estafeta no son lo mismo. Foto: BAER |
1. Las mejores condiciones. El cerebro capta lo que quiere y al escuchar «mejores condiciones» suele pensar en ventajas para realizar su trabajo, pero no en las condicionantes; veámoslo así, condición y estado no son lo mismo, un taller puede parecer en un estado deplorable, pero con las condiciones suficientes para realizar el trabajo o al revés. Las condiciones van desde cómo usar las herramientas, hasta la manera en que nos hace sentir nuestro espacio, el qué se puede y qué no se puede hacer en él o también si podemos usarlo o no. Las condiciones están en función de las limitantes y si con pocas herramientas, espacios no muy amplios e insumos adecuados sacamos a gusto el trabajo, ésas son las mejores condiciones.
2. Las mejores prestaciones. El término no parece ayudar a nuestro estado de ánimo respecto de lo que merecemos por nuestro trabajo, lo «prestado» parece estar cargado de desgracia; oír sobre prestaciones a varios nos hace sentir que las recibidas son dádivas por parte de los gobiernos buena onda que hemos tenido por más de un siglo. En los últimos años este esquema se ha trasladado a los programas sociales, lo que aumenta dicha sensación, sin entender que los vehículos utilizados para tal efecto, sólo han empobrecido la estructura económica del país al sólo desviar los recursos que se obtenían de una forma semejante a la inversión, a sólo desaparecer ésta y gastarlos sin un plan definido a futuro. Repartir dinero sin tener manera de recuperarlo, necesariamente lleva a la quiebra a cualquier sociación.
3. Los mejores sueldos. El salario no se encuentra en las condiciones de trabajo, está en las condiciones de empleo, ña diferencia esté en que el primero es, por así decirlo, la práctica, lo que hacemos en concreto y el segundo, la teoría o lo que nos comprometimos a hacer; hablar de un buen sueldo refiere al monto de éste, entre más sea, mejor, pero pocas veces tenemos por seguro que apunte a ser suficiente para tener una buena calidad de vida, esto es, que no tengamos que preocuparnos por cómo vamos a pagar nuestras cuentas en los próximos quince o treinta días. Lo anterior es debido a que no nos enfocamos en nuestra manera de administrarnos sino en el deseo casi irracional de la holgura en todo sentido.
4. El aprendiz. El sentido de no saber tiene el mismo rumbo del no ser responsable, alguien debe enseñarnos y guiarnos de por vida; al maestro se le ve con recelo porque, por un lado, esperamos que su sabiduría resuelva todas nuestras dudas y por el otro, desconfiamos de primera mano de las figuras que afirman saber mucho; por un lado adulamos para obtener un beneficio y, por el otro, descalificamos a los que confiaron en ese discurso porque no está bien visto que alguien se crea más que los demás. Debido a eso, pensamos que es preferible navegar con bandera de ignorante, pero con la esperanza de que otro, por mero accidente, descubra nuestro talento, ese eterno potencial sin explorar porque nadie nos da una oportunidad, entonces, no es nuestra culpa que no seamos independientes, es que nadie sabe apreciarnos. Salud.
Beto.

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