viernes, 10 de abril de 2026

Usuario de pod cast

La democratización de la emisión no garantiza
un buen criterio de consumo. Foto: BAER

Irapuato, Gto.-

1. Perfil del oyente. Era de esperarse que, ante la avalancha de transmisiones radiofónicas en la red y dadas las facilidades de producción que ofrece la tecnología actual, haya un segmento importante que escuche programas de audio digital y se convierta a su vez en un universo atractivo para marcas de productos diversos, ahora bien, si pensamos en un perfil específico de los oyentes de este tipo de contenidos, debemos dejar de lado los aspectos técnicos como la portabilidad de los aparatos, la omnipresencia de las señales (aunque éste sí, un poco) o las compañías que las proveen en otras tareas, para voltear a ver directamente a los contenidos que suelen ser más libres y responder a necesidades más específicas para segmentos cada vez más definidos.

2. Requisitos del creador. A la proverbial imaginación de un creador de contenido, se unen la perseverancia, la disciplina y el orden pues, sin la tangibilidad que dan, aquella nada de valor tendría; unos pasos atrás, viene el valor para compartir con los demás lo creado. Hay también un dejo de desfachatez, pues producen pensando que lo que hacen está bien y que no tienen necesidad de buscar la aprobación del público aunque sí su adhesión, basados en que todo el mundo es libre de escoger lo que consume y, por supuesto, lo que transmite. Ese pequeño arrebato de orgullo se diluye fácilmente si el medio escogido no presenta la cantidad de seguidores necesaria para lo que ahora llamamos monetizar, lo que al final del día, moldeará las intenciones iniciales para hacerlas más adecuadas.

3. Las plataformas. Empezando con Spotify, las plataformas de radio digital (es lo que son) han venido ofreciendo una democratización a la que hemos accedido, como en todo, sin saber más que la mecánica de uso, los lenguajes y los contenidos parecen haber quedado en un segundo plano con el pretexto de la libertad de expresión. Por supuesto, hay muchas producciones que valen la pena y otras muy valiosas, pero no son sencillas de encontrar si no establecemos desde un principio, el tipo de temas que deseamos para un buen tiempo, pues si abrimos algo que nos entretenga por un momento nada más, el logaritmo se encargará de tomar decisiones por nosotros. Lo mismo pasa con Cast Box, Pocket Casts, Radio Public y otras tantas plataformas que brindan el servicio de acercar voces nuevas y no tanto al público.

4. Futuro de la radio. El cambio en los sistemas de transmisión para nada implica que los formatos radiofónicos vayan a desaparecer, únicamente cada estación, cada canal virtual, tendrán que pasar un periodo de purga semejante en el que sólo los programas que valgan la pena sobrevivirán; es cierto que se requiere dinero para mantener una estación, lo mismo que una plataforma virtual, lo que pone una oportunidad de oro frente a nosotros para dejar de pensar en que cada entidad radiofónica debe rascarse con sus propias uñas para imaginar otros formatos de producción, quizá comunal y de autoconsumo, no como las cadenas actuales que reproducen diariamente la guerra de marcas, sino en una real cooperación en la que todas las productoras tengan la oportunidad de vivir. Salud.

Beto.

viernes, 3 de abril de 2026

La vida sigue

Hay preocupaciones que nos enajenan
del entorno. Foto: BAER

Irapuato, Gto.-

1. Las voces cotidianas. ¡Quién fuera perro! Para poden andar por allí, sin dar cuenta de lo que hacemos, robar comida de donde se pudiera, yacer con quien se nos diera la gana, dejar nuestra marca en cualquier poste y oler traseros a diestra y siniestra, pero no, diría Miguelito que nos tocó el estúpido papel de ser humanos y aquí estamos, persiguiendo una chuleta que a veces ni cara de frijoles tiene, tratando de impresionar a alguien para ser dignos de sus favores o juntando recursos para tener, al menos, placeres efímeros; los que gozan de un sueldo, irán a romperse la espalda a una oficina o a un asiento de un vehículo automotor de alquiler, los que no, irán por las calles vendiendo tamales, elotes, bolsas para basura, pan o fierro viejo que teeengaaaan.

2. Las noticias en contra. Casi olvido los azucaraditos churros que son cuatro por diez pesos; las que sí son olvidables, pasan a toda hora en los noticieros de la radio y la televisión. Violencia por todos lados sin que sepamos a qué se debe ni por quién es perpetrada, como lo del coche bomba en Michoacán el pasado seis o siete de diciembre, mientras la presidente daba su discurso triunfal por siete años de, en su mundo de fantasía, logros de la transformación de cuarta. El escuchar sólo noticias negativas en su mayoría, responde a una razón importante para mantener el control de la población que es la incertidumbre, pues con ella el nivel del miedo por no saber qué pasará, nos tiene a todos a la expectativa y sin esperanza de que la cosa mejore.

3. Preocupones que somos. Es posible que nuestro primer rasgo serio de crecimiento sea la preocupación por los demás, eso porque los demás apuntan hacia la satisfacción y el bienestar propios, lo que está bien, puesto que si no somos capaces de apreciarnos a nosotros mismos, no hay manera de que lo hagamos con los otros. Claro que, cuando le encontramos el gusto a preocuparnos por cualquier cosa, tomamos para nosotros un protagonismo artificial que sí, tiene algo de verdad, pero la otra parte suele ser una actitud posada, sin llegar a ser falsa que resulte poco confiable, porque el tono utilizado deje entrever algo que indica poco compromiso, más allá de la congoja momentánea y el comentario resignado. ¡Ah! Y no puede faltar la queja impersonal a quien corresponda.

4. Miedo no, precaución. Temor lo tenemos porque traemos en la memoria las atrocidades ocurridas en la revolución y la cristeada, pero es una impresión de segunda mano, en realidad no hemos visto la violencia generalizada como en otros lugares. La franja de Gaza, Vietnam, Irlanda o Kosobo quedan del otro lado del mundo, así que no nos tocan como pudieron hacerlo los conflictos de Nicaragua, Colombia o Venezuela, pero también sabemos cómo tratamos los conflictos domésticos, ignorándolos. Sin embargo, tememos que nos pase lo mismo porque los periodos entre los eventos violentos se han venido acortando y cadi hemos normalizado los sonidos de balazos y las largas estadías encerrados en casa; no podemos tener miedo a lo que no conocemos, pero tampoco deseamos conocerlo, por precaución. Salud.

Beto.

viernes, 27 de marzo de 2026

Productivo hasta el final

Solemos avanzar a pesar
de los contratiempos. Foto: BAER

Irapuato, Gto.-

1. La condición física. Pareciera un tema para atletas de alto rendimiento, a pesar de que no tenemos una idea (la mayoría) de que algunos de ellos salen de la perspectiva «normal» de alguien que debe ejercitarse para rendir en su disciplina como los pilotos de autos de carreras o los ajedrecistas; los seres humanos de a pie supondríamos no necesitar demasiado ejercicio para realizar nuestras tareas, sin embargo, no es un tema menos el mantenernos en forma física adecuada para no tener contratiempos. Es cierto que nos guiamos por un esquema de dolor, es decir, mientras no nos moleste, pensaremos estar totalmente sanos; por lo general, no solemos hacer caso a síntomas que podamos soportar, no por un tema de aguante, sino por ignorancia.

2. Llamar a la muerte. La parte mágica de nuestro pensamiento parece imponerse en los aspectos cotidianos que tienen que ver con la estancia en el mundo; hay historias de vida que tienen en común la idea de que hay cosas que no deben mencionarse porque algo malo sucedería. Está la advertencia: «ten cuidado con lo que deseas», posiblemente porque no sabríamos expresar correctamente los deseos o, también: «sólo tienes que decretarlo» en el supuesto de que ya entendimos. Lo más curioso se da cuando tenemos que decidir sobre comprar un seguro de vida y terminamos comprando uno de carro, porque el primero sería como llamar a la muerte, dejando abierta la interpretación al destino pre determinado y la no decisión propia en nuestra existencia.

3. ¿De verdad tan frágiles? No puede ser que sigamos pensando que nuestras vidas están supeditadas a fuerzas externas incontrolables y tomemos eso como pretexto para no responsabilizarnos de, principalmente, nuestro accionar social, tampoco resulta lógico que con todos los avances tecnológicos y la información sobre los fenómenos naturales, sigamos rindiendo culto a personajes y eventos que supuestamente desafiaron en la antigüedad las leyes de la física y ahora no se repliquen ni por error. De los milagros, ya se ha probado que tienen explicación, la cual suele ser la más simple; la necesidad de tener un hermano mayor que nos proteja o echarle la culpa por lo mal que nos va, sigue vigente porque nuestra parte nómada-salvaje se mantiene adormecida, pero no puerta.

4. Soportamos eso y más. Somos trabajadores a toda prueba, para demostrar y demostrarnos a nosotros mismos que podemos dar más allá de lo que dictan nuestras obligaciones, porque el sacrificio está incrustado en nuestro ADN y en el concierto de las naciones, somos los que más horas invertimos en el trabajo, a veces sin saber para qué. Si así no fuera, no tomaríamos cualquier empleo aunque nada tuviera que ver con lo que nos gusta y lo que estudiamos; lo que hace soportable tal situación, depende de cada uno, lo que incluye a la religión, a la moral, al patriotismo o cualquier otra cosa que encienda nuestros anhelos más profundos, apuntalado todo con mensajes dirigidos a elevar esos sentimientos, como las películas de la época de oro y todo aquello que dicte abnegación. Salud.

Beto.

viernes, 20 de marzo de 2026

La importancia del trabajo

Reclutamiento y cambio de estafeta
no son lo mismo. Foto: BAER

Irapuato, Gto.-

1. Las mejores condiciones. El cerebro capta lo que quiere y al escuchar «mejores condiciones» suele pensar en ventajas para realizar su trabajo, pero no en las condicionantes; veámoslo así, condición y estado no son lo mismo, un taller puede parecer en un estado deplorable, pero con las condiciones suficientes para realizar el trabajo o al revés. Las condiciones van desde cómo usar las herramientas, hasta la manera en que nos hace sentir nuestro espacio, el qué se puede y qué no se puede hacer en él o también si podemos usarlo o no. Las condiciones están en función de las limitantes y si con pocas herramientas, espacios no muy amplios e insumos adecuados sacamos a gusto el trabajo, ésas son las mejores condiciones.

2. Las mejores prestaciones. El término no parece ayudar a nuestro estado de ánimo respecto de lo que merecemos por nuestro trabajo, lo «prestado» parece estar cargado de desgracia; oír sobre prestaciones a varios nos hace sentir que las recibidas son dádivas por parte de los gobiernos buena onda que hemos tenido por más de un siglo. En los últimos años este esquema se ha trasladado a los programas sociales, lo que aumenta dicha sensación, sin entender que los vehículos utilizados para tal efecto, sólo han empobrecido la estructura económica del país al sólo desviar los recursos que se obtenían de una forma semejante a la inversión, a sólo desaparecer ésta y gastarlos sin un plan definido a futuro. Repartir dinero sin tener manera de recuperarlo, necesariamente lleva a la quiebra a cualquier sociación.

3. Los mejores sueldos. El salario no se encuentra en las condiciones de trabajo, está en las condiciones de empleo, ña diferencia esté en que el primero es, por así decirlo, la práctica, lo que hacemos en concreto y el segundo, la teoría o lo que nos comprometimos a hacer; hablar de un buen sueldo refiere al monto de éste, entre más sea, mejor, pero pocas veces tenemos por seguro que apunte a ser suficiente para tener una buena calidad de vida, esto es, que no tengamos que preocuparnos por cómo vamos a pagar nuestras cuentas en los próximos quince o treinta días. Lo anterior es debido a que no nos enfocamos en nuestra manera de administrarnos sino en el deseo casi irracional de la holgura en todo sentido.

4. El aprendiz. El sentido de no saber tiene el mismo rumbo del no ser responsable, alguien debe enseñarnos y guiarnos de por vida; al maestro se le ve con recelo porque, por un lado, esperamos que su sabiduría resuelva todas nuestras dudas y por el otro, desconfiamos de primera mano de las figuras que afirman saber mucho; por un lado adulamos para obtener un beneficio y, por el otro, descalificamos a los que confiaron en ese discurso porque no está bien visto que alguien se crea más que los demás. Debido a eso, pensamos que es preferible navegar con bandera de ignorante, pero con la esperanza de que otro, por mero accidente, descubra nuestro talento, ese eterno potencial sin explorar porque nadie nos da una oportunidad, entonces, no es nuestra culpa que no seamos independientes, es que nadie sabe apreciarnos. Salud.

Beto.

viernes, 13 de marzo de 2026

La imposición de una visión

«Ni se asombren, todos deberían ser
como yo». Foto: BAER

Irapuato, Gto.-

1. Inclusión forzada. A muchos, desde niños, nos caía muy gordo que nos impusieran a un hermano, a un vecinito o al hijo de la amiga de mamá para que jugara con nosotros sin previo aviso, peor se ponía la cosa si en la obligación iba implícita la sugerencia de cuidarlo porque se trataba de alguien vulnerable y no nos hagamos, la compasión y la empatía no son sentimientos que se arraiguen en nosotros hasta muy pasada la adolescencia. Como lo he afirmado en varias ocasiones, nuestro país está conformado por un gran mosaico de sociedades adolescentes a las que las imposiciones les puede tomar por sorpresa, pero que de ninguna manera las toleran ni mucho menos, terminan por aceptar.

2. Nadie los pelaba, por ignorancia. Cierto es que ignorábamos e ignoramos aún las condiciones en las que viven las minorías, como ahora les hemos dado en llamar genéricamente, dejamos que se nos juntara el trabajo hasta que nos explotó en las manos; dado que no hemos aprendido a dialogar, la reacción a todas las manifestaciones que han aparecido, ha estado impregnada de represión, en mayor o menor medida y el rechazo a todo formato que se salga del nuestro. trataré de ejemplificarlo; todos sabemos que en una competencia deportiva está mal visto y prohibido doparse, a quien se le descubre, se le expulsa de toda competición organizada y hay que gastar recursos en vigilar a cuanto atleta participa en cada deporte, lo cual es muy desgastante, pero ¿qué tal si en lugar de vigilarlos les hacemos su propias competencias?

3. Pocos los pelan, por incertidumbre. Hemos pasado ya por muchos discursos a favor y en contra de las comunidades de las muchas letras, la sensación que han dejado ha hecho que las formas cambien, sin embargo, los fondos parecen seguir intactos porque si bien, ya no escuchamos muchas expresiones en su contra, sí hay quejas de no poder hacerlo, lo que nos da pie a pensar que tal aceptación que buscan, aún no se da del todo. Tal es lo anterior que las manifestaciones de lo que llaman orgullo, siguen dándose año con año y lo que se nota como cambio, es una especie de disimulo con el que se pretende justificar esta situación tan ambigua como incómoda. No todos tenemos sus anteojos y menos su graduación.

4. Nadie los pelará, por oposición. No seremos nosotros, la maldita mayoría, quienes nos opongamos a su expresión, simplemente haremos caso de aquello que nos llame la atención y consideremos productivo, lo que nos deje una enseñanza y que nos haga sentir bien; lo que nos haga a un lado, lo que consideremos de uso exclusivo de las minorías y en lo que no tengamos ninguna necesidad de meternos, en otras palabras, lo que podamos compartir como el arte entendible será aceptado como parte del patrimonio cultural de la nación, lo que no pase ese filtro como los desfiles estrafalarios y los pseudo lenguajes inclusivos, ni siquiera serán motivo de mofa. No fue decisión nuestra, ya que tratamos de jugar de acuerdo a las reglas como las conocimos, a los inconformes les toca hacer su universo aparte. Salud.

Beto.

viernes, 6 de marzo de 2026

Motivos de la escritura

Las historias llevarán nuestro nombre,
pero son propiedad de quien las lee. Foto: BAER

Irapuato, Gto.-

1. Dejar constancia de la existencia. Es una necesidad, aunque se consideren algunas de sus expresiones vandálicas; dibujar letras en las superficies a la mano, nos deja la sensación de que una parte nuestra permanecerá en este mundo aun nosotros ya no estemos. Desde un grafitero hasta un literato, confían en el poder de la palabra escrita para provocar sentimientos en los demás, para que se les asocie con una idea, un movimiento o un lugar. Si son personajes los que se crean, no se le confía nada más en su apariencia, sino que se le da importancia a lo que dice y cómo lo dice, lo que tiene que ver con su entorno y las relaciones a las cuales se le somete, con el fin de mantener cierta coherencia, a menos que se trate de una obra de fantasía o de ciencia ficción; algunas sátiras se permiten mezclas de estilos.

2. Documentar formas de vida. O mejor, maneras de vivir, porque la biología no es lo mío y soy muy dado a cambiar nombres; ya me veo inventando especies y reclasificando familias y con eso de que ya no existen las razas, dicen, no creo prudente el que incursione en esos terrenos. Dicho lo cual, me enfocaré en algo que entiendo mejor que aquello; la tradicional división por clases sociales se ha ido segmentando, principalmente en la media donde un sector tiende a desaparecer y los otros se aferran a una posición insostenible en el mediano plano, si las condiciones del país siguen el mismo derrotero. Los hábitos de consumo nos pintan universos que suelen explicarse casi como un machote, pero que en realidad son interpretados desde el interior de cada grupo social según sus necesidades básicas inmediatas.

3. Plasmar el conocimiento. Titulé así este apartado porque socialmente sería más identificable, sin embargo, entenderemos que en nuestros escritos propios, lo que plasmamos es lo que sabemos, pero parecería medio pedante un subtítulo así. Generalmente pensamos que hay que tener cierta edad para dejar por escrito nuestras ideas, también que la preparación para ello debe ser mucha y que, quienes empezaron jóvenes serían genios de los que hay muy pocos; todo eso es cierto en parte, pues todo depende del género que queramos abarcar pues un buen cuentista puede empezar a temprana edad y un columnista requiere algunos años de experiencia. Lo que sí es un requisito indispensable es un buen manejo tanto del lenguaje a utilizar como de la lengua en la que se escriba, en nuestro caso, español.

4. Apropiarse de una realidad. Tomar algo en la realidad requiere de cumplir ciertas obligaciones si no queremos meternos en problemas, algunas cosas compradas, otras como obsequio, las de más allá, heredadas, pero todas de alguna manera, comprobables ante los demás. En la literatura no es así, basta con describir aquello de nuestro interés para que se vuelva nuestro, pero la cosa no para ahí, cada vez que un lector repasa las letras que hayamos escrito, también se adueña de aquella realidad y la transforma según su imaginación le« vaya dictando las formas, los tamaños y los colores que darán como resultado una nueva creación, tan válida como distinta de la original y de la primera «copia» literaria y lo mejor de todo, es que con cada lectura saldrán nuevas creaciones. Salud.

Beto.

viernes, 27 de febrero de 2026

¿Sanar sin ortografía?

Más que por evolución, nuestro idioma
ha cambiado por descuido. Foto: BAER

Irapuato, Gto.-

1. Práctica novedosa. De entre las novedades (lo son para mí) que andan circulando en las redes, una en particular llamó mi atención, no porque la considerara falsa o poco razonable, todo lo contrario, sino por la afirmación que se expuso en una publicación en particular, que trata sobre la escritura terapéutica; como afirmé, sí creo que funciona, a mí mismo la escritura me mantiene cuerdo y alerta, aunque no sigo los lineamientos de una terapia en sí, para cualquier propósito, las cosas deben hacerse bien, pues eso nos crea la sensación de seguridad, que al final es lo que buscamos, así que si una señorita que está promoviendo la escritura terapéutica afirme que hay que dejar lo que traemos sin importar la ortografía, no me da mucha confianza que digamos, porque daría lo mismo hablar sin sentido suponiendo que nos entendemos.

2. Es lo que decimos. Las palabras son maravillosas, tienen el poder de provocarnos o tranquilizarnos, de elevarnos por las nubes o dejarnos caer a algún particular infierno creado para propósitos non gratos, lo que nos decimos a nosotros mismos tiene una relevancia primordial pues es exactamente lo que creemos que somos, lo malo es que las dinámicas sociales nos han introyectado una idea de sencillez y humildad que siempre ve a una observación propia como presunción. No es factible estar sanos mentalmente si sólo nos hemos prohibido auto alabarnos pero sin decirnos cuáles son sus límites y luego, en una entrevista de trabajo, se les ocurre preguntarnos cuáles son nuestras cualidades. Es casi imposible mencionarlas de una manera sobria, mesurada, si no nos apreciamos realmente.

3. La exageración. Dicen que entre broma y broma, la verdad se asoma y en ocasiones dejamos que ciertas actitudes nos definan suponiendo que, con ello, logramos imponernos en la apreciación general. Las afirmaciones o exclamaciones exageradas suelen servirnos para indicar que, aunque no nos gusten o estemos de acuerdo con algo, nos mantenemos abiertos a cambiar de opinión porque no necesariamente eso nos define, claro está, debe ser una afirmación hecha con cierto tono que delate la contradicción, es decir, si yo afirmo que nadie en el mundo es más puntual que éste que lo asegura, con un tono de extrema solemnidad, será casi evidente que no estoy hablando en serio y que en realidad, posiblemente lo intente, pero habrá ocasiones en que lo logre porque todos sabemos de los imponderables.

4. Convencimiento por lo dicho. De la manera como nos expresamos es la misma en la que obtenemos lo que queremos; no es lo mismo hacer una lista de clases de inglés que una de clases de ingles, la tilde nos remite al idioma de Shakespeare y su ausencia al incierto mundo de las entrepiernas. Si creyéramos en los decretos como formas de atraer beneficios por parte del universo, imaginen que éste fuera muy exigente o sumamente literal en su entendimiento del idioma en el que se le solicitaran las cosas, cualquier error en el mensaje nos metería en problemas o frustraciones al no obtener lo que pedimos, pues hay mucha diferencia entre solicitar llegar a la cima de algo, que hacerlo a una sima; y les juro que ambas existen, tengan cuidado. Salud.

Beto.

viernes, 20 de febrero de 2026

La producción de video

Somos entenados de la caja mágica.
Foto: BAER

Irapuato, Gto.-

1. Significado e imagen. Crecimos aprendiendo de lo que veíamos y reaccionando a lo que escuchábamos, en ese orden de importancia; la división social del trabajo, una vez que descubrimos la agricultura y ser sedentarios fue una opción a ser nómada, arraigó a la vista como el sentido por excelencia para crear cultura, dado que a los cultivos se les ve, pero difícilmente se les escucha; los colores son más entretenidos que los sonidos y se pueden reproducir con mayor facilidad por la gente común, las formas son más identificables porque se repiten en la naturaleza con mayor frecuencia y a los sonidos los transformamos en imágenes conocidas, pues los cantos son de las aves y los ruidos de autos, de la lluvia o de algo que golpea. Las imágenes, por sí mismas suelen significar varias cosas, los sonidos sólo una.

2. El movimiento. Nuestro ojo está entrenado para captar imágenes en movimiento, captándolos como en ejes cartesianos donde convergen longitud, altitud y profundidad pero lo que las envuelve de interés es el movimiento; éste nos llama la atención porque los cambios repentinos de planos nos alertan sobre la situación en la que nos encontramos, ya sea amorosa, apacible, discordante o de peligro, las pistas para ello suelen estar sujetas a la velocidad con que se presentan. Evidentemente, una cara sonriente que se acerca lentamente no tiene el mismo efecto que la misma cara acercándose rápidamente; lo mismo sucede con un rostro enojado o una persona con la mano levantada. Es probable que la comedia, en los inicios del cine, se basara más en la rapidez de las escenas que en la trama.

3. Impacto y sonido. Mucho del éxito, si no es que todo, que tiene una producción audio-visual, se debe al impacto que logra en los espectadores basado en el sonido; no sólo las películas de terror modifican nuestro comportamiento momentáneo, las de corte romántico, las de suspenso y las de aventuras, según sea la música que utilicen, será el efecto que provoquen; nada más recuerden cómo les hizo sentir «Rocky» y la excitación que experimentaron cada vez que escucharon el tema musical. La razón de que esto pase es que de todos nuestros sentidos, el que anticipa la alerta es el oído, es decir, no es necesario estar fijos como con la vista para ponernos a la defensiva segundos antes de que algo pase, el tacto y el gusto requieren del contacto y el olfato, al no tenerlo tan desarrollado, nos sirve de poco.

4. Somos visuales. La época actual está marcada por la hegemonía de la imagen visual, gobernada a su vez, por el movimiento más el refuerzo de la imagen auditiva en los ámbitos que definen nuestro desarrollo intelectual-afectivo; si queremos enseñar algo, hacemos uso de diapositivas o cortos para ejemplificar aquello que deseamos transmitir; al momento de vender algo a distancia, es mejor ilustrar al posible comprados con coloridas fotografías o si nuestra intención es felicitar a alguna persona, lo más común es enviarle una ilustración referente al motivo. Ver nos satisface, mucho antes que otros sentidos, pues solemos «comer con los ojos» cuando tenemos antojo, «echamos una mirada» adecuando nuestros tiempos y «hacemos observaciones» para corregir. Salud.

Beto.

viernes, 13 de febrero de 2026

Los reto

El escándalo es más atractivo
que el trabajo. Foto: BAER

Irapuato, Gto.-

1. De fácil producción. Desde que fui consciente de mi fascinación por los medios de difusión masiva, los audio-visuales quiero decir, supe que había magia en todo lo que se producía en el cine, la radio y la televisión, posiblemente porque con anterioridad también se la conferí a los cómics; todos ellos tienen su complejidad, máxime cuando requieren de efectos especiales para contar historias, sin embargo, hay un género que es sumamente fácil de producir que es el noticiero. Su mayor dificultad reside en conseguir la información y ahora ya ni eso, con el uso de las agencias informativas, el oficio de reportero se ha reducido en número de integrantes por medio y en el tipo de notas por cubrir, por lo que resulta sumamente desmoralizante que se avoquen a cubrir mayormente nota roja sin importar el ámbito a tratar... ¡ah! Y deportes que son sólo fútbol.

2. La averiguación como alimento. El quehacer periodístico ha sido secuestrado y convertido en una práctica monotemática que tiene a la estridencia como principal forma de expresión, emanado desde un origen común: las agencias noticiosas; Reuters, Associated Press, Agence France-Press y EFE, dictan lo importante que debe publicarse y cómo debe publicarse debido a que son las encargadas de recopilar y verificar información, elaborar y difundir contenidos teniendo como fuentes a la política, a la ciencia, el medio ambiente y la economía, eso sí, sin abandonar un cierto tono de alarma. Este formato vino a restringir un poco la actividad de los reporteros en general, así que la concepción de las noticias locales como secundarias y subordinadas a las nacionales e internacionales se ha agudizado.

3. Especialización de flojos. Cualquiera de estas tres que mencionaré, nota roja, deportes y política, porque espectáculos ni siquiera habla de ellos, en los medios electrónicos encontraron la fórmula para que la vida como reportero se volviera una farsa; se han dedicado a medio narrar (si nos va bien) o a medio describir hechos desnudos, sin chiste, con los que pretenden -en el mejor de los casos- cumplir con un horario, llenándolo de datos desechables que encienden la indignación momentánea, efímera y sin sentido de un público, a decir de los propios medios que no dispone de mucho tiempo para leer, escuchar o ver noticias, lo que me lleva a preguntar, cuando hicieron las encuestas de consumo ¿cuestionaron sobre los hábitos o sólo por la disponibilidad de tiempo? Supongo que las adecuaron a su flojera.

4. Regresen al origen. Si estuviera en mis manos, retaría a todos y cada uno de los reporteros a que regresaran a realizar su oficio como antaño, que al salir a la calle no se restringiera a la fuente diaria o a la nota roja, que su averiguación se centrara en la producción comunal, en los problemas que tuvieran una solución inmediata y no se tratara sólo de desgracias, que la vida de los ciudadanos productivos fuera el centro de su actividad y no sólo una anécdota perdida en la última página del periódico para con ello, tratar de dejar atrás el fatalismo en el que nos tienen inmersos desde hace décadas, porque el alimentarnos de tragedia y muerte, nada bueno nos ha dejado y... ya lo sé, nunca ocurrirá porque ya nos hemos acostumbrado a la queja fácil. Salud.

Beto.

viernes, 6 de febrero de 2026

Vivir el presente

Vemos pasar el tiempo... ¿Y luego? Foto: BAER

Irapuato, Gto.-

1. En estricto sentido. Fue el grito de batalla al final de los sesenta y buena parte de los setenta, para los ochenta se había transformado en poco menos que un slogan y de ahí para adelante, se ha repetido como una fórmula de comportamiento para la aceptación instantánea por parte de quienes ven en la inmediatez la única temporalidad aceptable. En términos newtonianos, el presente dura sólo un segundo -por poner un lapso perceptible-, pero en una visión relativa, tendríamos que hablar al menos de un día, pero en cualquier discurso podríamos afirmar «la presente semana», «el presente mes», «el presente año», así sucesivamente y todo sería aceptable. Y ya que hablamos de conceptos, «vivir el presente» supone tanto el ver pasar el tiempo como el ser consciente del entorno o disfrutar de lo que hay en él.

2. Pasa el tiempo. El tiempo no está en nuestras manos, querer adelantarlo o detenerlo es como aspirar a controlar la rotación de la tierra; el envejecimiento tampoco depende del tiempo, es un proceso natural de desgaste de las células que en unos puede ser acelerado y en otros más lento por ello la diferencia en las duraciones en especies como en individuos; lo que marce el tiempo es la arbitrariedad, su concepción como una dimensión nace de la ciencia ficción (lo cual no significa que sea falso) y del deseo de viajar a otras épocas sin tener que envejecer. Habría que notar, por si están pensando en el experimento de los dos relojes en el que mandan uno al espacio exterior y el que se retrasa un minuto, si en lugar de que el tiempo se «estirara» ¿no habrá sido que el mecanismo se vio afectado por la falta de gravedad?

3. Vivir el presente. No somos los únicos habitantes del planeta, lo compartimos con animales y plantas ¡y con otros seres humanos! Tienen ideas, inquietudes, necesidades, suelen exigir atención y no hacen caso de imposiciones, justo como nosotros. Entendemos todos que el vivir aquí es un préstamo y coincidir con los demás es cuestión de suerte; que por mucho que haya avanzado la ciencia, el planeta nos sobrevivirá a todos; la eternidad dura hasta que nos llega la muerte y trascender es un anhelo que logran unos cuantos, para la mayoría está el olvido que suele llegar en la tercera o cuarta generación siguiente a la de cada uno. No debería entristecernos (un poco, sí) ya que es un destino común y la ortopedia celestial, es sólo la manifestación de un individualismo exacerbado guiado por la resignación.

4. Disfrutar no es embrutecerse. En alguna de mis clases universitarias, tuve a bien implementar una práctica en la que mis alumnos debían mostrar sus dotes de adaptabilidad cognitiva, tratando de enseñarme algo que dominaran o conocieran bien; la clase se llenó de módulos de cocina, actividades técnicas y juegos de destreza, pero una en particular llamó mi atención por lo atrevido del tema y el arrojo que mostró el muchacho que lo iba a llevar a cabo. El caso es que iba a enseñarme a tomar, lo cual hizo que me imaginara que terminaría sabiendo sobre texturas y sabores, quizá los diferentes tipos de copas o las cosechas más apreciadas, pero ¡oh, decepción! Todo se trató de la mecánica de destapar una botella y tomar hasta emborracharse; obviamente tuvo que realizar otra práctica. Salud.

Beto.

viernes, 30 de enero de 2026

Cambio de perspectiva

¿Y si la perfección estuviera
en lo asimétrico? Foto: BAER

Irapuato, Gto.-

1. Una vida haciendo lo mismo. La línea de vida se nos es trazada desde el nacimiento, aunque los modernos digan que dejan a sus vástagos decidir sobre lo que quieren ser y hacer, lo cual es cierto, de alguna manera, puesto que nadie nos resistimos a la tentación de dejar en los demás, una huella por minúscula que parezca y si no logramos una influencia determinante para elegir una carrera, trataremos de hacerlo con cosas igualmente importantes pero no en lo sustancial, como lo serían la afición artística, un equipo de fútbol, la práctica de un deporte o el gusto por una comida especial y, aunque el resultado fuera diametralmente opuesto, también habríamos influido en esas decisiones. Raro es el individuo que se comportará diferente en todo lo aprendido en su núcleo familiar, sólo manifestará variantes de lo mismo.

2. Cambiar duele. Más allá de la fórmula automática de «salir de la zona de confort» para poder prosperar, está la conciencia de que no es estar a gusto lo que nos mueve, sino precisamente un posible malestar lo que nos hace pensar en un cambio de status; sinceramente suena ilógico que, si estamos satisfechos con lo que tenemos y como estamos, nos pongamos a pensar en salirnos de ahí nada más por sentirnos bien y desear estar incómodos para volver a sentirnos bien, un cuento de nunca acabar. Lo coherente es tratar de lograr la estabilidad, no lo contrario. Un cambio supone un luto porque con él, dejamos atrás cosas a las que estamos habituados, las rutinas representan dificultades y los elementos con los que nos conducíamos, quizá no funcionen en el nuevo espacio.

3. Resultado de lo relativo. La ambigüedad no tiene cabida, al cambiar de punto de vista debe dejarse en claro que se hace porque se adquirió mayor seguridad, por lo cual los conceptos a manejarse, adquirirán mejor significado; relativo o algo que lo es respecto de otra cosa, tiene que ver con una adaptación del conocimiento entre ambas situaciones u objetos a compararse, ese ajuste no debe quedar «bailando» ni mucho menos a medias, porque si algo es relativo (como el tiempo), significa que puede quedar expuesto a distintas percepciones, pero que en este mundo, un segundo o una hora durarán lo mismo en cualquier parte. Lo mismo pasa cuando establecemos otras convenciones como la belleza, la exactitud o la verdad, jugando con la idea de que hay que ser abiertos de mente, casi como obligación.

4. Oportunidad de averiguación. Sin que en realidad se produzca un abandono, el tratar de averiguar cosas nuevas provee de la ventaja de ampliar horizontes en el aprendizaje; la curiosidad es un patrimonio que no debe atesorarse, por el contrario, hay que invertirla para que se reproduzca a sí misma y tenga mejores productos externos, averiguar es uno de esos vehículos en los que la inversión parece segura. Si seguimos ese camino, llegaremos a transitar hacia la investigación, el grado máximo de la compilación de datos y antesala del conocimiento nuevo. Un cambio de perspectiva no siempre es bueno, pues depende de los resultados; si éstos nos hacen sentir mal, pero son productivos en el sentido de que nos dejan una enseñanza para seguir o no por un camino determinado, entonces están bien. Salud.

Beto.

viernes, 23 de enero de 2026

Estado de gracia

Si hacemos lo que nos gusta
resulta muy satisfactorio. Foto: BAER

1. Convicción de ayuda. Hay que tener mucho estómago para soportar los embates del dolor y las necesidades ajenas porque cada uno sabe dónde y cuánto le duele, pero ¿a los demás? No debe ser fácil proponerse como alivio de las penas de los demás ya sea desde la profesión o el oficio que tenga que ver con el físico, la base económica o las estructuras morales, dado que todas ofrecen oportunidades de sacar provecho en cualquier situación y no caer en la tentación, requiere de un trabajo mental que incluye el saber de qué seríamos capaces. Si partimos de la base de que en un gran porcentaje estamos expuestos a influencias no muy honorables que digamos, entenderemos que la voluntad por hacer bien las cosas tendrá por fuerza que estar sustentada por la manera en que hayamos sido educados de pequeños.

2. El altruismo. En la superficie y en el fondo, el altruismo manifiesta la bondad por la que las personas piensan en incursionar en él, sin embargo, hay un sector que se oculta detrás que deja un margen significativo para la especulación, puesto que las intenciones pudieran no ser tan puras; si hurgáramos en el interior de instituciones como la Lotería Nacional, Pronósticos Deportivos o el Teletón, quizá nos encontráramos con ciertos espejismos de oportunidad donde los dos primeros «juegan» con la esperanza casi mágica de la obtención de riqueza rápida y sin esfuerzo y el tercero se fundamente en la base de que algo es necesario, aunque nadie lo haya pedido. Fuera de los rumores de que están diseñados para evadir impuestos, el hecho es que la idea de la bondad altruista no nos permite ver el trabajo detrás.

3. Búsqueda de iluminación. Si el camino de la ayuda al prójimo no nos satisface, está el de la búsqueda de uno mismo por medio de ejercicios espirituales en los que, al parecer, Ignacio de Loyola era un campeón; algo así se dice también de Teresa de Ávila y de Juan de la Cruz, aunque siempre he pensado que a los tres los hicieron doctores de la iglesia por haberla dotado de marcos conceptuales para justificar el adoctrinamiento de los infieles conversos. El caso es que, además de ellos, existen formatos para hacernos uno con el universo, sentirnos producto del polvo de estrellas (lo que sea eso) y ser herederos de la trascendencia. Lo que no cuadra es la ortopedia que ofrecen los ya iluminados, con sus ideas raras sobre las privaciones y los sacrificios; ¿no se lograría lo mismo bien alimentados?

4. Hacer lo que se quiere. No podemos decir que nos encontramos en gracia si somos forzados a hacer algo que no queremos, la obligación impuesta desde afuera limita las posibilidades de crecimiento y aprendizaje a obtener productos que satisfagan las necesidades de quien los solicitó y a lo único que se puede aspirar, es a mejorar los tiempos de producción. Es lo mismo para ambas partes en una relación laboral industrial, sin importar el giro de la empresa. Como para todo hay que pagar un precio, si deseamos hacer lo que nos gusta, debemos abandonar la idea de que otros nos provean la seguridad social, pues todos los gastos deberán correr por nuestra cuenta, a cambio de decidir el qué hacer, cómo hacerlo y en cuánto tiempo; la libertad tiene su atractivo. Salud.

Beto.

viernes, 16 de enero de 2026

Si no das, no quites

El principio de propiedad indica que nada
de otro es enajenable. Foto: BAER

1. Educación importante. Invariablemente se llegará el día en que las advertencias que nos hicieron nuestros mayores tomen sentido, en algunos más tarde que en otros, el caso es darnos cuenta; no será lo primero que nos enseñen, pero cuando adquirimos un mínimo de razón, aprender a ser justos se impone por encima de todo, principalmente a la hora de aceptar ayuda u obsequios. No faltará el momento en que se nos diga que sí hay que aceptar de buena gana lo que se nos ofrece, pero sin abusar porque no sabemos en qué condiciones se encuentre el obsequiante, así que lo recibido debe ser de conformidad. El mecanismo mental para lograr eso tiene que ver con valorar ese detalle (material o virtual) como algo que se da de corazón, sin importarnos si hay intenciones ocultas en esa acción.

2. Principio de justicia. En aras de la equidad, la visión de un derecho igualitario para todos tendría que imponerse por encima del derecho del más fuerte que impera hasta nuestros días, sin embargo, al conducirnos por la búsqueda y el establecimiento de diferencias, el encontrar concordancias para un fundamental funcionamiento social basado en capacidades, nos deja con la única opción de poner precio a nuestras tareas, lo que significa desigualdad; todavía suponemos y nos suena lógico que el trabajo de un abogado sea más importante que el de un plomero por los años de estudio, la cantidad de información que ambos manejan y el método utilizado para resolver sus respectivos problemas, pero en cuanto a las implicaciones de salud, ¿quién de los dos saldría mejor librado de un desagüe tapado?

3. La solidaridad. Es cierto que nadie está obligado a dar a sus iguales si no hay una deuda de por medio; otorgar, obsequiar, donar, cooperar, son actos de mera voluntad en los que ponemos en juego educación y valores y algunos intereses (¿por qué no?), pero reitero, nadie nos obliga a participar, así que en este punto tampoco tendríamos derecho a atacar el esfuerzo de una persona o una agrupación por ayudar a un necesitado. La idea generalizada sobre el bien obrar es dar sin pedir nada a cambio, posiblemente porque suponemos que a todos nos va a llegar, tarde o temprano, la oportunidad de recibir. Pero, ¿qué tal si no todos estamos en la misma sintonía? Que es lo que parece suceder con varios en cada sociedad conformada en este planeta que nada más sirven para acumular en detrimento de los demás.

4. De convivencia básica. Entre los individuos como entre las naciones, la oración atribuida a Juárez ha brillado por su ausencia en los organismos que él presidió de manera itinerante y sin ningún atisbo de querer dejar el poder por momentos; la sensación debe ser sumamente adictiva, pues aquel que entre no se sale, aunque afirme que se retira. Pruebas de ello hay muchas de aquellos que ocuparon un cargo y no resisten la tentación de sentir los reflectores en su cara, curiosamente para criticar en los nuevos ocupantes de los puestos, eso que ellos también hicieron mal. En alguna ocasión, uno de mis tíos, Román, dijo que todos teníamos derecho a ser rastreros alguna vez, pero no tanto ni tan seguido porque si ya hiciste trampa y te saliste con la tuya, repetirlo sería una vileza. Salud.

Beto.

viernes, 9 de enero de 2026

Bueno por decisión

Nacer bueno es fácil, lo complicado
es mantenerse así. Foto: BAER

Irapuato, Gto.-

1. No alcanza. Hacernos responsables de nuestros actos está, por lo general, sobreentendido dentro de un contexto en el que se considera un signo de inteligencia el evadir el cumplimiento de las reglas; en la vida laboral o en el deporte profesional se da como ley no escrita, el manejar a la evasión como moneda de cambio, por lo que la primera respuesta ante un problema, lo hayamos provocado o no, es «yo no fui». La manera en que vemos u valoramos nuestras acciones, está plagada de condescendencia y posturas defensivas que sólo hacen que nos distanciemos entre nosotros aumentando con ello, la desconfianza con la que nos manejamos cotidianamente. Además, el «otro» se nos pone de modo, entre más desconocido y abstracto pero en boca de todos esté, mejor, así, la «gente» será el comodín o la vieja confiable de ordinario.

2. El vigilante. Independientemente del perfil religioso, siempre habrá un individuo que se postule como el encaminador de almas hacia la salvación, cualquier cosa que esto sea, blandiendo una serie de argumentos de respeto o temor, por un destino que generalmente es condenatorio; éstos, a quienes me tomaré la libertad de llamarlos vigilantes, tratarán de imponer como verdad, los postulados que su convicción y percepción ubican como eterno e inmutable, suponiendo que al ser lo único válido en este mundo, será su obligación convencer a los demás de que se unan a esa perspectiva, pero su argumentación está basada en la confrontación con quienes consideran equivocados, por lo cual preguntaría, ¿si llegaran a convencernos a todos, cuál sería la razón de su existencia? Ya no tendrían con quién discutir.

3. Cambio difícil. Pasar de creyente a ateo no es una decisión que se tome de un día para otro, ni siquiera se da porque no haya manera de comprobar lo que exponen las religiones, es más bien un proceso en el que lo natural, mundano y comprobable mediante las ciencias nos provee de certezas más coherentes con las realidades a las que nos enfrentamos, todo a pesar de que también nos inventamos formas para dominarnos entre nosotros y eso, también tiene explicación. La razón por la cual mencionar lo anterior viene al caso es porque cada cierto tiempo, como ahora, nos preguntamos si en realidad ser religiosos nos hace buenos y el no creer, malos y la respuesta que encuentro no es del todo satisfactoria para aquellos que han puesto su fe en una divinidad, porque de asesinos o ladrones creyentes está repleto el mundo.

4. La humanidad se impone. Ser parte de los grupos humanos nos representa la responsabilidad de preservar tanto rasgos físicos como culturales, además de darnos identidad, nos da el derecho de pregonarlos en otros lugares; dar auxilio en la calle a quien lo necesita, es algo que alguna vez hemos hecho, nada como para ganar el Nobel, pero sí que renueva la esperanza en nuestra esencia; cumplir con nuestras obligaciones caseras no requiere de justificación ni de andar anunciándolas, pero hay un agradecimiento abierto o tácito tanto de propios como de extraños. Cada actividad cotidiana es un aviso de que somos buenos, así nada más por naturaleza, que las influencias son sólo refuerzos de intereses adquiridos y promovidos por aquellos que tuvieron una deficiente educación o tuvieron ninguna. Salud.

Beto.

viernes, 2 de enero de 2026

Según el gasto es la necesidad

La decisión depende muchas veces
de nuestro bolsillo. Foto: BAER

Irapuato, Gto.-

1. No alcanza. Prontos a cumplir cuarenta y ocho horas en el segundo día del año y sin habernos repuesto de la resaca de la fiesta, la cabeza parece dejar de dar vueltas sobre su eje, emulando el movimiento de los astros en un cosmos que se mantiene nublado; los movimientos intestinales hacen su aparición en horas non santas o en los lugares menos oportunos. ’Qué tal los sonidos de la calle? ¡El tren! Pareciera que va pitando dentro del cráneo y lo que dura ahora, después del accidente de hace meses; por cierto, ¿ya sabemos quiénes fueron los responsables? Claro, a estas alturas ya podríamos decir que no importa. Lo que sí me interesa saber es en qué proporción de días, según nuestra edad, duran las crudas porque para el lunes ya tengo que estar entero para preparar los arreos del próximo trabajo a realizar este semestre.

2. Cuestión de presupuesto. Lo más sencillo para tener una economía doméstica sana sería el nunca gastar más allá de lo que se gana, pero claro, además de los benditos imponderables, están los intereses por mantener un status que, a veces nada tiene que ver con el dinero, sino nada más con el aparentarlo. Las deudas proliferan como con los gringos pero no aumentan los niveles de vida, me refiero a los sueldos que apenas alcanzan los diez mil pesos al mes o menos de presupuesto, los de mayores montos tendrán algo más que decir. Lo malo está en que decidimos invertir nuestros esfuerzos en aparentar mediante la tecnología, cosa que nos sale contraproducente porque ésta cambia constantemente y hay muy pocos bolsillos que soportes esas vertiginosas fechas de caducidad que a muchos obligan a hacer filas al montepío.

3. Lo básico. Comida, vestido y sustento es la cantaleta que aprendimos con las oraciones en la doctrina como base para saber qué es lo que importa en esta vida mundana y nada más, aunque está sujeta a la apreciación de cada uno; con la variedad de marcas que ofrecen lo mismo, lo único en lo que debemos pensar es en cómo decidir, cuál de ellas será nuestra favorita o la que dicte nuestro bolsillo, también difícil si no sabemos soportar la frustración. Lo mismo pasa cuando observamos los conceptos de básico y suntuario en cada estrato social, pues para uno puede ser el usar loción francesa todos los días, para otros podría ser el llevarse algo a la boca aunque sea una vez al día lo más importante que les pasaría; lo suntuario sería una concepción inexistente para aquellos que sólo sobreviven.

4. Lo suntuario. Contrario a lo que consideramos necesario, lo suntuario está creado para satisfacer lo que nos hace sentir importantes, actualizados o inteligentes; la concepción de suntuario viene porque se trata de una visión personal en la satisfacción de cada tópico mencionado, ya que para lo que a unos les hace sentir importantes, para otros puede ser el pasar totalmente inadvertidos. En términos generales, lo suntuario es aquello que satisface necesidades que no representan la subsistencia y que su importancia puede ser temporal y adecuada a los recursos con los que tenemos a la mano, por ejemplo, es necesario, casi imprescindible el mantenernos informados y en contacto unos con otros, pero lo mismo daría hacerlo con un teléfono de hace tres años que con uno nuevo. Salud.

Beto.

viernes, 26 de diciembre de 2025

El horario

Cronos mirándote afirmar que no te
alcanza el tiempo. Foto: BAER

Irapuato, Gto.-

1. El yugo de cronos. Si no tuviéramos la referencia horaria, quizá veríamos la vida pasar sin más, teniendo a la contemplación activa como principal medio de crecimiento espiritual; no se me confundan ni se me espanten que no se trata de una arenga religiosa para que se arrepientan de sus pecados, sino de entender la fórmula cadi mágica de apreciar lo que hacemos a diario en su justo valor; nos organizamos con base en esquemas que delinean la frecuencia y la duración de los eventos a atender, los cuales si les damos más importancia que la que tienen (como suele suceder), nos crean un cerco del cual tampoco encontramos cómo zafarnos; el tiempo también nos ha servido para pretextar falta del mismo para realizar todo lo que tenemos que hacer como si no supiéramos que lo administramos mal.

2. Cubrir nuestras horas. Este concepto no se refiere solamente a estar presenta durante el tiempo estipulado en un contrato, sino al nivel de productividad que mostremos en él; si somos operarios, cuántas piezas logramos ensamblar, si somos administrativos, cuántos problemas logramos resolver, si somos creativos, cuántos proyectos logramos implementar, pero como dirían los japoneses, sin llevarnos trabajo a casa, ya que si no logramos cubrir lo que toca en ocho horas, no estamos aprovechando el tiempo. Supuestamente los horarios están diseñados para que rindamos lo mejor que podamos si llegar a extenuarnos, pero también pareciera que las empresas, en aras de obtener más ganancias, toman para sí trabajos que superan sus capacidades y luego tratan de compensar con discursos sobre ponerse la camiseta.

3. Puntualidad para salir. En buena parte de los empleos hay dos versiones sobre el incumplimiento de los horarios, el de los empleados de confianza que aseguran tener una hora de entrada, pero no una de salida y la de las empleadas domésticas, que es todo lo contrario; en nuestro país, las ocho horas son relativas porque aunque tuviéramos bien establecidas las entradas y las salidas, no faltarían los imponderables que las cambiarían así como a las horas intermedias, ya que nos distinguimos por nunca asegurar nada, por lo que se pueda ofrecer. En todo caso, solemos ser impuntuales porque planeamos hacer muchas cosas al día, pero el problema no está en la cantidad sino que, al intentarlo, no tomamos en cuenta el tiempo que nos llevará hacerlas, más el de los traslados, es ahí donde perdemos.

4. Hacer como que se hace. Ser puntual también tiene que ver con realizar el trabajo en forma porque, no por terminar rápido, haremos cochinadas; para alguien acostumbrado a ciertas tareas, el administrar su tiempo es cosa de niños, como si su rutina consistiera en sólo dejar que las cosas pasen. Lo contrario también suele suceder, dejar que las cosas no pasen, muy dado en las administraciones públicas cuando se trata de esclarecer delitos y de señalar a los culpables involucrados en ellos, tampoco parecen muy duchos cuando de aplicar las leyes o de mantener seguras las calles se trata, como deshacerse de baches, tener en buenas condiciones el alumbrado público o dar mantenimiento a las redes de agua potable, electricidad y drenaje; y hacer como que se hace se convierte en nuestro sello laboral. Salud.

Beto.

viernes, 19 de diciembre de 2025

Hacer méritos

La IA pareciera una amenaza
al trabajo humano. Foto: BAER

1. El eterno aprendiz. Por con convencimiento o por aleccionamiento, vamos por la vida buscando un lugar seguro donde guarecernos de las tormentas que provoca nuestro entorno, la sensación de inseguridad disminuye nuestros ímpetus de emprendimiento, por lo tanto, nos conformamos con cumplir con algunos lineamientos establecidos en casa y reforzados en la escuela; y es justo el sistema académico el que nos introyecta la idea de que aprender es un proceso interminable y único camino para entender el entorno; esta idea tiene algo de cierto, sí es un proceso que no termina, pero depende de cada uno ya que, supuestamente, una vez terminada la universidad, ya aprendimos a aprender y el conocimiento no es patrimonio exclusivo de la escuela, sin embargo, ésta se autoproclamó como la validadora de (incluso) nuestras habilidades.

2. La hiperespecialización. Doctor, vengo con usted porque tengo problemas con mi testículo izquierdo; -Lo siento señor, no puedo atenderlo. Yo soy doctor en Derecho; -¡Ah! Malditos especialistas. Por mucho que la situación retratada en el chiste anterior pueda parecernos ridícula, la especialización extrema nos ha ido empujando a crear espacios laborales inconexos, aunque nos los vendan como complementarios; carreras como Ingeniería en Ciencia de Datos, Ingeniería en Energías Renovables, Gestión Ambiental o Telemedicina Y Análisis de Datos de la Salud, parecieran no tener un objeto de estudio aplicable en estos tiempos pues se anuncian como aquellas que responderán a necesidades futuras lo que las pone en un pronóstico negativo a la hora de que un egresado suyo busque trabajo.

3. Carreras actualizadas. Cualquiera de ellas, haciendo un esfuerzo supremo y tratando de rascarle lo más profundo a sus objetivos, quizá tengan alguna oportunidad de parecer coherentes, pero hay otros como «Internet de las cosas» que dicen gestionar redes de dispositivos inteligentes conectados para la recopilación e intercambio de datos, una descripción muy rimbombante para un técnico en electrónica que se dedicará a diseñar y conectar teléfonos, ordenadores, relojes y Alexas entre sí. Eso suena a un «Profesional técnico en cambio de posición y locación de productos intercambiables mediante un valor monetario» (más o menos era el título de una carrera en la UTL) para llamar a un vendedor capacitado por cuatro años. Las universidades vienen convirtiéndose en un bistro académico.

4. De los futuros, el incierto. La versión de que todo es mejor y más sencillo cuando estudiamos que nos contamos en nuestras etapas escolares, se ponen en entredicho cuando, al buscar empleo, resulta que el número de egresados supera por mucho, la cantidad de plazas laborales ofrecidas y de las especializaciones, ni hablar, casi no hay mercado para ellas. Lo único que queda es esperar, si no tenemos una palanca a la cual asirnos o ponernos a trabajar en otra cosa ajena a lo que estudiamos, el caso es tener una entrada de dinero fija, pero como en todo, las alternativas no siempre son a nuestro gusto... ¿y cómo iba a serlo, si por algo estudiamos una cosa en específico? Ni los que tuvieron la suerte de emplearse en la carrera que siguieron pueden estar ciertos de que ese trabajo los mantendrá siempre. Salud.

Beto.